“Las mujeres no son aptas para la industria tecnológica”

“Las mujeres no son aptas para la industria tecnológica”

Rezaba el titular. Un trabajador de Google había sido despedido luego de -supuestamente- afirmar que “Las mujeres no son aptas para la industria tecnológica”, ¡vaya cretino! ¿no?

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Declara otro medio nacional 

Pero antes de dalre una vuelta al tema, quisiera comenzar con una anécdota. Justamente el día anterior asistí a un conversatorio, como parte del diplomado en comunicación de la ciencia que estoy haciendo. Una de las expositoras presentó un trabajo en el que aplicaba el Draw a Scientist Test (consistente en pedirle al sujeto de estudio que dibuje alguien que se dedique a la ciencia). Para pasar luego a criticar el que muchas niñas dibujaran a un hombre (tipo Einstein), en lugar de una mujer.

¿Era eso algo extraño? Me preguntaba a mí mismo mientras la escuchaba. El ser humano tiende a asociar una imagen genérica a cada concepto. ¿Qué creen que pasaría si nos piden dibujar un árbol, o una puesta de sol? ¿nos ofenderían también aquellas similitudes?

 

Existe una preponderancia masculina efectivamente en ciencia, por tanto no sería raro que la exposición social, tanto directa como en medios artísticos y de comunicación, sea predominantemente de hombres científicos. La existencia de estereotipos es evidente, pero ¿debemos asumir que todos ellos son indicativos de un aspecto subyacente negativo? Esa es la pregunta que le formulé a la investigadora, intentando entender por qué esperaba que cada género se representara a si mismo en el retrato. Rápidamente mi curiosidad se transformó en decepción al ver como parecía sentirse ofendida por mi cuestionamiento, como si estuviera cometiendo un acto tremendamente sexista al cuestionar si existía evidencia que respaldara tal vínculo (la cual fue finalmente confirmada como inexistente por la autora).

Experiencias como aquella me sobran, sobre todo en discusiones sobre problemáticas de género. Es por esto que no puedo simplemente creer cuando se califica a un hombre de machista. Ya he visto suficientes linchamientos digitales injustificados. Así que decidí ir en busca del memo original, titulado “Google’s Ideological Echo Chamber”. Lo que encontré fue una sorpresa (o quizás no), si tienen tiempo recomendaría que lo leyeran.

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“Cree en la libertad de expresión… … A menos que se sienta ofendida”

El documento de varias páginas es bastante elaborado, en resumidas cuentas corresopnde una argumentación de por qué el autor considera que muchas políticas internas de diversidad del gigante tecnológico están basadas más en ideología que en evidencia. En ningún momento el empleado recurre a descalificaciones ni ocupa un tono ofensivo, sólo decide exponer una visión fundamentada sobre una temática que, lamentablemente, se ha vuelto tabú.  Una que, sabemos, no admite críticas, y que hacerlo le costó su trabajo.

La dictadura de lo políticamente correcto no es algo ajeno a nuestro hemisferio, y probablemente nace de la visión extremista de muchos académicos, que ha terminado permeando al resto de la sociedad. El constructivismo social radical es algo que predomina apabullantemente en círculos de estudios humanistas, lo que los convierte en centros de autoconfirmación y refuerzo, desestimando absurdamente el papel que puede jugar la biología como causa y moduladora procesos humanos y sociales considerados conflictivos.

Cualquier diferencia entre hombres y mujeres es interpretada como violencia, como forma de opresión masculina. Me atrevería a decir, este tipo de pensamiento es el principal motivo de coartación moderna de libertad de expresión, tal como alguna vez lo fue la iglesia. Cada vez me cuesta más mantener una conversación cívica sobre estos temas, y es que no es necesario que el estado prohíba hablar sobre algo cuando existe un grupo mayoritario que convierte cualquier intento de debate constructivo en batalla ideológica, salvaguardada bajo el pretexto de que cuestionar alguna de sus premisas es un acto inherentemente hostil. O peor aún, cuando por hacerlo alguien termina pagando con su trabajo.

El autor del memo en Google lo expresa con claridad: cuando moralizas un tópico por completo se deja de discutir este en término de costos y beneficios, para pasar a castigar a todo aquél que no esté de acuerdo, etiquetándolo como una persona inmoral. Un ambiente que fomente la disidencia intelectual, el cuestionamiento de forma razonada, y el diálogo cívico es la única manera efectiva de analizar profundamente los complejos problemas de este siglo. No permitirlo sólo demuestra lo ridículamente polarizado de nuestra sociedad, y de no remediarlo podemos esperar varias décadas de estancamiento y retroceso intelectual. Trump y Maduro son sólo dos ejemplos del tipo de líderes que proliferan cuando no somos capaces de reflexionar de forma productiva.

Pido disculpas por no adentrarme en el contenido mismo del memo, pero mi tiempo al día de hoy es escaso, y el problema es algo más profundo que los meros dichos del escrito. Si quieren ahondar sobre este tema pueden leerlo directamente, o revisar 4 respuestas de científicos al mismo.

Si es natural, es bueno.

Si es natural, es bueno.

Domingo por la tarde luego de las lluvias en Santiago. Busco efectivo en mis bolsillos cuando el cajero de un pequeño local en Providencia me pregunta: “¿Le gustaría llevar también un par de alfajores? Son nuevos, naturales, ¡de cacao orgánico!”. Los genios del marketing no pierden ninguna oportunidad, y agregarle “orgánico” pareciera transformar cualquier cosa en oro, o al menos lo hace con su precio. La oportunidad hace al ladrón, dicen, y este caso no es la excepción. Lo que sustenta el abuso comercial del momento es básicamente el amplio rechazo social que ha sacudido a los transgénicos, basado -principalmente- en el miedo ante posibles efectos perniciosos para nuestra salud.

Tener precauciones ante la novedad es razonable, pero aquí hay algo más en juego, algo que convierte un sano escepticismo en un rechazo preconcebido. Resulta muy intuitivo pensar que, si la naturaleza nos ha dado alimentos, la naturaleza es buena. Que, por tanto, modificarlos genéticamente es un atentado contra tal bondad, moralmente reprochable, y eventualmente peligroso. Lamentablemente, esto es una falacia, y hasta tiene nombre propio: “apelación a la naturaleza”. Es el mismo tipo de razonamiento equivocado que escuchamos tantas veces en movimientos que desprecian la homosexualidad, el veganismo, los fármacos, o la tecnología en su conjunto.

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La verdad es que la modificación genética se hace desde que tenemos agricultura. Si no fuera por ella no tendríamos cosas como la lechuga o la zanahoria que conocemos, y cuya seguridad no solemos cuestionar. No debería entonces preocuparnos especialmente de modificarlos, a diferencia de siglos anteriores, de forma mucho más dirigida y precisa a través de la biotecnología. Sin embargo, yo mismo dije que la precaución ante la novedad es sensata, y la mejor forma de hacerme cargo de mis palabras es a través de la rigurosidad y el escrutinio de la investigación científica.

Lo sorprendente es que prácticamente existe un consenso en la comunidad académica respecto al consumo de transgénicos. Desde la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU., hasta la Comisión Europea, cientos de estudios han sido revisados, muchos de ellos independientes y financiados estatalmente. La seguridad de los cultivos parece estar más que corroborada, de hecho, las normas son tan estrictas que prácticamente podemos sentirnos más tranquilos al consumir este tipo de productos que sus contrapartes orgánicas.

Pero, ante este panorama sigue existiendo una pregunta importante: ¿Por qué existe tal disparidad entre conocimientos y sentimientos en nuestra sociedad? Me gustaría poder explicarlo considerando lo intuitivo que puede ser el rechazo a priori que acabo de comentar. Pero la verdad es que, teniendo en cuenta la facilidad de acceso a la información que existe hoy en día, me cuesta creer que sea suficiente para causar el fenómeno, y quizás esto simplemente sea una muestra más de la decidida educativa que nos caracteriza tanto como seres humanos.

Bueno, en fin, los alfajores no estaban tan ricos.

Una propuesta para el Transantiago (o cómo disminuir la evasión bajando la tarifa del pasaje)

Una propuesta para el Transantiago (o cómo disminuir la evasión bajando la tarifa del pasaje)

Hace ya una década se instauró en Chile un nuevo sistema de transporte público, el llamado Transantiago. Desde entonces nunca ha habido una buena percepción ciudadana de la nueva modalidad y, aunque ha mejorado su desempeño general, sigue siendo un dolor de cabeza para los santiaguinos, con un 37% de los usuarios pasando más de una hora hacinado en cada viaje.

El costo del pasaje ha aumentado casi un 70% durante estos años, mientras que el tema que me lleva a escribir hoy, la evasión, ha alcanzado la alarmante cifra de un 34.6%, lo que lo deja como el sistema con más evasión del mundo.

Cuanto uno puede justificar la evasión del pasaje es tema de debate (ya escribí, hace más de un año, lo indigno que resulta efectivamente este transporte). Sin embargo, lo que sí está claro es que hemos entrado en un círculo vicioso nefasto, en donde el aumento del no pago lleva a un alza del precio del pasaje compensatorio, lo que se traduce en aún más disconformidad ciudadana, propiciando la evasión.

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Al respecto, la ministra de transportes y telecomunicaciones acaba de anunciar un nuevo plan de coordinación para evitar este comportamiento. Se trata de campañas de educación y difusión, instalación de torniquetes y zonas pagas móviles, etc. No se habla del costo de la implementación de todas estas medidas, pero podemos imaginar que no será nada barato, lo que se suma a la ya importante cifra desembolsada cada año en fiscalizadores.

El objetivo que se ha propuesto Tapia es la reducción de la evasión a un 30% para el mes de Julio, aunque llama la atención tanto optimismo, considerando que la fórmula parece tener poco de nuevo. Me gustaría hacer otra propuesta.

Tiene que ver con el circulo vicioso que mencionaba recién. En el horario pick un usuario está pagando $740 pesos chilenos por viaje, lo que equivale a más de 1 dólar estadounidense. Sabiendo que sólo el 65% de ellos lo hace, están pagando un excedente considerable por el resto de pasajeros inescrupulosos. Si el fin es disminuir efectivamente la evasión, se me ocurre otra alternativa, y consiste en disminuir el precio del pasaje, pero con una condición.

¿Cuál es mi idea? El gobierno baja el pasaje de $740 a $600 pesos chilenos en horario punta (una reducción del 20%), pero explicitando lo siguiente: esta tarifa se mantendrá SÓLO si la evasión se reduce -al menos- a un 15% en los siguientes 3 meses, caso contrario volviendo a los $740 originales.

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De llegar a esta cifra, podemos asegurar que el sistema no estaría perdiendo dinero, al mismo tiempo de que el usuario promedio tendría un ahorro significativo en gastos por transporte. Podemos ejemplificarlo así: considerando 2 viajes diarios, una persona pasaría de gastar $44.400 a $35.520 pesos mensuales, ese ahorro de $8.880 pesos representa cerca del 30% de una canasta básica de alimentos.

¿Y cómo funcionaría? En primer lugar, cortando el ciclo de alza de las tarifas. Esto de por si contribuye a que más gente esté dispuesta a pagar, pero el punto más relevante es el siguiente: el beneficio impacta a toda esa mayoría que actualmente si paga su pasaje, lo que, sumado a la conciencia de que la continuidad de tal beneficio depende del cambio conductual de todos los ciudadanos, crea una presión social significativa para fomentar el pago del pasaje, ¿Qué mejores fiscalizadores que los propios usuarios?.

No suena descabellado, es un plan factible de implementar que, de funcionar, solo trae consecuencias positivas (e incluye una salida ya determinada en caso de no hacerlo). Esto nos permitiría además disminuir paulatinamente el gasto en otras medidas (como los cientos de fiscalizadores externos), destinando ese dinero a lo que realmente importa, mejorar la calidad del transporte público.

La movilización es algo fundamental en la calidad de vida de la ciudadanía, y mientras sigamos gastando gran parte de los recursos humanos y financieros disponibles  en luchar contra esta problemática, en lugar de en mejorar el servicio mismo, los niveles de estrés seguirán por las nubes.

Medicina a la venta: una reflexión sobre la relación médico-paciente.

Medicina a la venta: una reflexión sobre la relación médico-paciente.

Cuando decidí estudiar medicina lo hice porque era una disciplina científica (en el sentido más restringido de la palabra), pero una impregnada de una innegable cualidad humanista. Con idealismo juvenil, me maravillaba la oportunidad de conectar estrechamente con una persona necesitada de ayuda. Un acto vocacional genuino en un momento de dolor y vulnerabilidad.

Una vez en la escuela, recuerdo como se nos enseñaba el cambio de paradigma que se vivía en la práctica: la medicina había ido dejando de lado su actitud paternalista, en pos de una visión donde la autonomía del individuo era piedra angular de la relación.

En aquellas épocas, a pesar de asignarle relevancia al reconocimiento de la individualidad del paciente a través del empoderamiento sobre su enfermedad y tratamiento, no dejaba de hacerme ruido la radicalidad con que se abordaba este cambio de comprensión de la relación médico-paciente, además de lo fuerte del juicio moral que se efectuaba sobre la dinámica ya relativamente abandonada.

En algún momento me pregunté si sería mi estructura de personalidad la que favorecía esa incomodidad, o si era el concepto previo que tenía sobre la ars médica, quizás como una expansión de la asimetría de conocimientos existente hacia la relación interpersonal en tal contexto. Sin embargo, con el paso de los años me fui percatando del conflicto original que, sino había generado mi molestia, al menos la había mantenido y amplificado.

La concepción de roles en una sociedad, y bajo que parámetros relacionales y comportamentales estos se efectúan, son evidentemente un fenómeno fluido. Con esto quiero decir que no pretendería en ningún caso negar que cambien conforme a los vaivenes históricos, pero no puedo dejar de ver con ojos de preocupación la transformación que ha tenido este en particular.

Recientemente, un conocido vinculado al área de la salud me comentaba angustiado: el padre de una menor que atendía estaba amenazando legalmente a la clínica en que trabaja. Esto, luego de que el profesional se negara a modificar ciertas sugerencias terapéuticas del informe de la evaluación, como solicitaban los progenitores. No pude evitar así revivir estas antiguas reflexiones en que ahora me explayo.

Medicina a la venta

No me parece que un sistema de mercado sea algo condenable por defecto, mas no creo sana su libre permeación ideológica en algunos sectores de nuestra sociedad. Mi sensación es que el cambio ético que sustenta la nueva relación médico-paciente está más guiado por valores capitalistas que por una nueva valorización de la autodeterminación humana per se.

Es verdad que la medicina ha avanzado enormemente, y que, por tanto, el proceso diagnóstico y terapéutico se ha complejizado y encarecido, por lo que no se puede sostener la idea de la aplicación total de estas nuevas tecnologías a la salud pública, y quien pueda financiarlas particularmente está en total libertad y derecho. De la misma forma, también es legítimo quien quiera y pueda pagar un sobrecosto por comodidades hoteleras en su atención médica lo haga, pero la mercantilización de la medicina ha cruzado fronteras que quizás valía la pena haber resguardado.

La visión asimétrica entre el paciente y el médico no se ha horizontalizado con el paso del tiempo, sino ha terminado por invertirse. Con bastante seguridad me atrevería a decir que actualmente es más bien una relación médico-cliente, y recuerden, el cliente siempre tiene la razón.

Esto ha significado el deterioro tanto de la calidad humana del vínculo, como de la calidad de vida del profesional sanitario. En la actualidad se espera que el servicio sea eficiente y a gusto del consumidor, el médico debe resolver cualquier problema, y más le vale hacerlo de forma rápida y eficaz, si al final de cuentas: “para algo le estoy pagando” -he escuchado más de una vez-.

Esto ha impactado también en la judicialización de la medicina, alcanzando niveles impresionantes. Se han multiplicado así carroñeros abogados especialistas, al asecho de cualquier oportunidad para obtener una tajada del pastel. Se les puede ver incluso fuera de los centros de atención, merodeando en busca de clientes dispuestos a exprimir a su servidor de turno.

Obviamente esto no sólo afecta a la mentalidad del usuario, sino que ha calado la psiquis de parte del establishment de la salud, quienes se ven tentados a practicar esta atención centrada en el cliente. A cambio de un par de billetes la ética profesional es flexible para adecuarse a los requerimientos que el cliente solicite, independientemente de a recomendación médica oficial.

Para algunos este giro ha significado la desvalorización de la medicina. El staff médico pasa a ser percibido como un empresariado, y la confianza se va destruyendo, tanto a nivel individual, como colectivo. Vemos como surge entonces el desprecio hacia la “medicina occidental”, dando espacio al resurgimiento de “terapias” alternativas, que en realidad no son más que burda pseudociencia. No es casualidad que las palabras “holística” e “integral” estén vendiendo tanto. Triste confusión entre el cuerpo del conocimiento médico y el como este se aplica en un contexto de mercado.

Podría hacer un análisis más profundo sobre este tema, analizando los datos y  tendencias del sector, pero por ahora me conformo con desahogar ese nudo que tenía en la garganta después de la anécdota que aquejaba a mi pariente. Porque no todo cambio es necesariamente evolución, por mucho que lo quieran hacer pasar como aquello.

El Guardián de la Salud: publicidad pseudocientífica disfrazada de periodismo.

Este escrito nace de un tema que comenté en el segundo capítulo del nuevo podcast de la Asociación Escéptica de Chile (AECH). La serie está resultando bastante interesante :), pueden escuchar el episodio AQUÍ.

El Guardián de la Salud es un “periódico” chileno dedicado a la medicina alternativa. Disponible en gran número de kioscos, durante mis trayectos diarios suelo toparme con  sus portadas y disgustarme un par de segundos. Creía que ya me estaba haciendo tolerante a tanta estupidez, sin embargo, la portada del mes de enero logró sorprenderme (aún para ser ellos).

Esta es la portada, ¿Notan algo extraño?

tapa_153guardiandelasaludNo, no es a nuestra querida diputada Girardi despotricando contra las vacunas. ¿Quizás un poco más cerca?

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“[…] 10.000 veces más potente que la quimioterapia, previene y controla el crecimiento de células malignas […] […] Es una alternativa para su tratamiento. ”

Para alguien con conocimientos en el área de la salud, probablemente parece una obviedad lo irrisorio de la afirmación, pero es necesario tomar en consideración que esta revista no está destinada a ese público, sino quienes -estando preocupados por su salud- no tienen expertiz en temas de ciencia o terapéutica convencional.

Hacer una comparativa tan osada es absurdo en sí mismo. Así que dicen que es 10.000 veces más potente… Bueno, pero… ¿Qué cual quimioterapia? ¿En el tratamiento de qué tipo de cáncer? ¿Más potente en qué sentido? Y más aún ¿Según qué evidencia? Todas estas preguntas no sólo no son respondidas, no sólo no son vinculadas a una referencia en que lo sean, sino que no tienen la mínima intención de ser contestadas, probablemente porque quien las hace no tiene la más mínima idea de lo que está hablando.

El tema de la quimioterapia es un gancho bastante utilizado por los promotores de medicinas alternativas, principalmente por los conocidos efectos adversos que muchas de ellas causan:  nauseas, caída del cabello, fatiga, etc. Pero demonizarlas es simplemente no entender cómo funcionan, cuáles son sus efectos demostrados, y como existen miles de ellas según la situación clínica en la que el paciente se encuentre. De hecho, si esta milagrosa planta fuera 10.000 veces más potente que la quimioterapia, pues deberíamos preocuparnos, probablemente sería más efectivo para suicidarse que para curarse de algún de tumor maligno.

Que una revista de circulación pública contenga publicidad de ese tipo, podría llegar a ser catalogado como un acto criminal. El texto la plantea como una ALTERNATIVA para el tratamiento, es decir, como un reemplazo de la terapia convencional que puede estar recibiendo un paciente, por tanto puede tener serias consecuencias para su salud.

Cuando comenzamos a avanzar por sus planas, nos encontramos con muchas más aseveraciones pseudocientíficas de terapias milagrosas, curas “naturales” y de cómo la medicina tradicional es una mafia que en realidad nos está robando y asesinando. Podría ejemplificarlo con muchos de sus artículos, pero podemos quedarnos con uno en particular, que sigue la putrefacta línea de la portada recién mencionada:

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“Mis estudios han demostrado de manera concluyente que las víctimas de cáncer que no reciben tratamiento viven hasta cuatro veces más […]”

Nuevamente, vemos que la revista intenta desincentivar que pacientes (que padecen de patologías tan graves como lo es el cáncer) acudan al médico y reciban una terapia adecuada para su situación. Sería bueno preguntarle a Julián Rodríguez qué opina sobre esto.

Mario Rodriguez, hijo de Julián, consultó al médico hace un par de años, diagnosticándosele leucemia. La indicación clara era comenzar con quimioterapia, pero luego de su primer ciclo (que había resultado exitoso), fue convencido por su madre de rechazar el segundo y optar únicamente por medicina Ortomolecular (que previo a esto había estado siguiendo en paralelo). Meses después la leucemia estaba de vuelta, y ya era demasiado tarde.

“Papá, me he equivocado”

Dijo Mario a su padre una semana antes de morir. Tiempo después Julián Rodriguez creó la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP).

La cita hecha por el Guardián de la Salud hace referencia a un paper del año 1969. Es decir, aun omitiendo la veracidad o no de su afirmación, la información está desactualizada casi 50 años, lo que es una brecha ENORME en medicina. Para entender mejor esto, desde que Jones murió el 78’, se inventó la resonancia magnética, las vacunas contra la hepatitis, e incluso se identificó el virus del VIH. Más aún, los trabajos en que basaba -por aquél entonces- sus afirmaciones ¡son estudios no controlados de los años 30! En esa época teníamos una comprensión muchísimo más pobre del cáncer, las terapias eran extremadamente limitadas, y los diagnósticos se hacían de forma muy tardía.

Un supuesto periódico publicando a página completa, información de hace casi un siglo, de conclusiones altamente cuestionables, me hacía pensar cual era el móvil detrás de estas publicaciones.

Fue otro artículo el que me dio la respuesta, uno en que una tal ¿psicóloga? llamada Patricia Rojas decía:

“[…] se va haciendo un proceso de modulación de la psiconeuroinmunoendocrinología, trabajando también los conflictos psíquicos, de dónde viene el origen de tu cáncer.”

Tal cual. “De donde viene el origen de tu cáncer”. Pero no fue esta oración la que me iluminó, lo interesante estaba -literalmente- bajo la entrevista: una publicidad de un tal Medizone, “Centro de medicina biológica y Ozonoterapia”. ¿Qué tiene esto de relevante? Pues que este centro resulta estar bajo la dirección de… (redoble de tambores) ¡Patricia Rojas!

Entonces decidí hacer un ejercicio. Tomé papel y lápiz y anoté cuantos reportajes estaban directamente asociados a publicidad del producto o servicio que plantean como alternativa. ¡Voilá, un 58% de ellos! En otras palabras, más de la mitad de los escritos eran básicamente publicidad disfrazada de periodismo (y periodismo del malo).

En la portada, la entrevista a Girardi se titula “Vacuna e intereses creados”, pero aquí todo hace pensar que los que tienen “intereses creados” son otros.

El director del diario es Gonzalo Carrasco, fisicoculturista e ingeniero en ejecución de alimentos. Mientras que la segunda al mando es Ruth Amber Modra, quien es -nada más ni nada menos- que su pareja. Pero investigando más encontré un dato interesante, este no es el único cargo de Ruth, sino que ella es además directora comercial de Aminas Nutrición. ¿Qué sucede con Aminas Nutrición? Que esta compañía es responsable del 21% de los avisos comerciales que recién les mencionaba. Aquí ya cada uno puede ir sacando sus propias conclusiones.

Lo que me parece divertido es la hipocresía con que actúan estos sujetos. Por un lado, para que se  hagan una idea de lo que nos enfrentamos, en la página web del Guardián de la Salud nos encontramos con los siguientes enlaces:GS.png

Mientras que por otro se lavan las manos, quitándose toda responsabilidad por sus publicaciones. Por favor, tómense el tiempo de apreciar el siguiente recuadro del “periódico”:

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Esto no es cualquier cosa, se está jugando con la salud de las personas, pero lo hacen tras una maniobra audaz, que es refugiarse bajo un gran paraguas que los proteja. Este peligroso panfleto publicitario se viste de periódico con un único objetivo: apelar a la libertad de expresión. Como si de genuinos artículos de investigación se trataran, y fueran portavoces de una terapéutica oprimida que debiese hacerse escuchar.

Ejemplificar la situación con El Guardián de la Salud tiene la intención de servir como puerta de entrada para una reflexión más profunda, que haga que como sociedad nos cuestionemos el límite que debemos asignarles a este tipo de medios. Esta revista es el ejemplo extremo de lo peligroso que puede ser la libertad sin consecuencias en los medios masivos de comunicación.

Estos no son hechos aislados. En medios más habituales, como canales de televisión o diarios de circulación nacional, este tipo de actos emergen de manera regular. Es cosa de ver como los matinales le dan el espacio a verdaderos chantas para que vayan a esparcir la pseudociencia del momento, sin hacerse cargo de los efectos que tal difusión puede desencadenar.

Espero tengamos eventualmente la discusión seria que este tema amerite, y ojalá lleguemos a crear algún día una normativa general que evite este tipo de situaciones de forma sistemática, porque es insostenible seguir controlando la situación de forma puntual y posterior a los hechos, como si una disculpa pública de parte de un canal realmente solucionara el problema.

Mi decepción universitaria.

Más de un milenio atrás, el monarca germánico Carlomagno se dio cuenta de que necesitaba un cuerpo de gente educada para que su imperio subsistiera. En aquellas épocas, como era de esperar, la tarea le fue encomendada a la iglesia. Luego de su muerte y a pesar de los constantes ataques sufridos, algunas de estas escuelas lograron prosperar, como pequeñas estelas en el oscuro vacío.

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Carlomagno

Su objetivo inicial era formar sacerdotes instruidos, que pudieran convertirse en líderes locales, por lo que comenzaban con el llamado trívium en escuelas monásticas. Las tres partes que lo componían: gramática, retórica, y lógica, los preparaban para leer y escribir en Latín (el lenguaje universal de los ilustrados de la época), para dominar las artes del discurso público, y la demostración de la validez lógica de sus argumentos, respectivamente.

Así, más adelante se encontraban preparados para enfrentar el quadrivium, asentado en la aritmética, geometría, astronomía y la música. Pero no fue hasta el año 1000 que la educación comenzó a extenderse más allá de tales aspectos fundamentales.

Una situación particular se vivió luego en Paris. Postulantes a instructores se aparecían ante el canciller para volverse parte del profesorado, ya sea del monasterio o externos, de donde surge la diferencia que conocemos entre profesores titulares y asociados.

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Escuela monástica

Más ejemplos podemos observar en otras palabras del vocabulario propio del campo universitario anglosajón, los profesores imparten lo que se conoce como lectures, originado justamente de que cada clase de basaba en la lectura de un libro considerado importante en el momento. De esta forma, cada aprendiz tomaba notas en su textbook, lo que incluía apuntes importantes de otras referencias bibliográficas que se plasmaban al final como pie de página.

Cuando el alumno ya se sentía seguro de sus conocimientos, procedía a rendir examen frente al canciller, quien le entregaba un diploma en caso de aprobar. Resulta muy interesante que un joven podía asistir a cualquier clase en cualquier locación, ya que el énfasis estaba puesto en la demostración de sus competencias frente al canciller, y no en el proceso que lo llevaba a serlo.

Llegó el momento en que Paris se estaba convirtiendo en el centro educativo de Europa, y frente a eso el canciller comenzó a pedir obediencia a sus maestros, quienes en gran medida comenzaron a verlo como enemigo, trasladándose desde la base que representaba Notre Damme hacia    la izquierda del río Sena, barrio que se llegó a conocer como latino, dada la densidad de latinoparlantes. Comenzaba entonces una progresiva transición a la educación fuera del ámbito religioso.

Uno de los momentos más reveladores ocurrió a principios del 1100 con Peter Abelard. Maestro de la escuela de Notre Dame, escribió Sic et Non, en el que demostraba que las autoridades habitualmente estudiadas se contradecían hasta en los puntos más básicos. Fue ahí cuando afirmó que el estudiante debía en realidad reunir y comparar opiniones, utilizando la lógica para determinar su veracidad, por lo que en vez de escuchar a su maestro leer, era necesario cambiar el enfoque para que este aprendiera a razonar.

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Peter Aberlard

Tensión se fue generando entre estudiantes y locales, lo que terminó con una violenta revuelta, la formación de barricadas en la ciudad, y la decisión de los maestros de formar una unión que llamarían Universitas. Así exigieron derechos que les permitieron -entre otros- determinar su currículo, la elección de sus postulantes, y debatir abiertamente cualquier tema.

Evidentemente la historia desde ahí continúa de forma compleja para convertirse en el concepto moderno de universidad. Pero me interesa dejar el relato hasta aquí y reflexionar teniendo en cuenta este primer surgimiento universitario en la historia medieval.

¿Que sucede hoy en día?

Mi concepción de universidad estuvo siempre embebida de un romanticismo innato. Para mí, tales instituciones correspondían al centro intelectual de cualquier pueblo, a la cúspide de una república, al epílogo de la vanguardia del conocimiento. Puede que esas expectativas sean justamente las que terminaron decepcionándome del sistema educativo, uno en que ni los individuos, ni el profesorado, ni las clases, ni los objetivos, se aproximaban realmente al maravilloso ideario histórico que tenía en mis entrañas.

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El problema, a mi parecer, comienza desde sus fundamentos. De la mano del concepto idealista de la educación como derecho (que cada vez cobra una mayor relevancia en el vocabulario popular), nace una equívoca concepción de que la universidad debe ser un campo abierto a quienes consideren tener alguna razón para querer ingresar a ella. Fuera de la discusión de su cualidad como derecho, es innegable que un pueblo educado es una meta noble y muy relevante de conseguir (siendo lastimoso el como seguimos fracasando en su supuesto intento), sin embargo, existe una confusión entre el conocimiento que un ser humano puede recibir dentro de su proceso educativo, y la existencia de una mayoría necesariamente capaz y genuinamente voluntaria de participar en un centro de pensamiento avanzado, como debe ser una universidad. En efecto, es tan malo el enfoque de la crítica, que la discusión no solo se ha centrado en el acceso, sino que además ha dejado de lado algo tan fundamental como lo es la educación primaria. Son probablemente muchos los factores que contribuyen a esta, desde la mercantilización de la educación como un producto destinado al ascenso social, hasta el desprecio a los otros segmentos educativos relevantes en una sociedad. Sea cual sea la razón esencial, la comunidad universitaria es en gran medida los estudiantes que la componen, y no es difícil imaginar las consecuencias de su ampliación indiscriminada.

Mi impresión luego de pasar varios años en una universidad destacada de mi país, es que la universidad, en términos generales, sólo tiene el icónico residuo de ser un centro de librepensamiento, y que es en la actualidad simplemente la institución técnica más cara de la historia. Basta ver como proliferan centros de educación superior como McDonald’s en cada ciudad; cómo los alumnos se endeudan en instituciones mediocres con tal de obtener un título; como protestan -tal niño mimado- ante un docente algo más exigente que no sólo demande memorizar conceptos; cómo caen en parálisis aguda al enfrentarse -en extraña ocasión- a una prueba que resultó no ser de selección múltiple; cómo llenan los foros preguntando por el optativo más fácil, por la clase sin asistencia, por el profesor más relajado.

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La universidad como concepto está moribunda, y tal cual lo reflejan sus aulas, en las que predomina una tónica gris de  entrega de información inerte. Hemos vuelto irremediablemente a los inicios de la educación proto-universitaria, quizás el profesor no se pare frente a la clase méramente a leer un libro para que sus alumnos tomen apuntes, pero esto sólo es así porque fue reemplazado por uno disfrazado de sofisticación, uno conocido como PowerPoint.

Es irrisorio siquiera que existan universidades que no lleven a cabo investigación. En un experimento de autoflagelación me pregunto qué diría Peter Abelard de encontrarse con el nefasto panorama dominante en las facultades, siglos después de sus provocadores dichos.

Me deprime asimimismo, luego de mirar esperanzado al extranjero, ver como en sus universidades proliferan los llamados safe-spaces, en un desbarajuste de proporciones. Tanta confusión tenemos entre identidad e ideas, que toda refutación hacia estas últimas es considerada una agresión, porque olvidan que lo que se debe respetar es al ser humano que tenemos al frente, no a la idea que este propone. Sólo están logrando volverlas intocables, porque ya olvidaron que la universidad era justamente el espacio para hacerlas combatir, para destrozarse y volverse a construir, para aprender, para crecer y junto con ello proponer la sociedad del futuro. A nombre de la tolerancia no están haciendo nada más que coartar el desarrollo del intelecto humano.

Es verdad, aún hay instituciones que sobreviven en el mundo. Y sí, aún hay estudiantes y profesores con ese espíritu original, manteniendo la llama viva como pequeños faros entre la niebla. Pero hay una tendencia clara, incluso el nivel de post-grado será poco a poco consumido. Y cuando el umbral se sobrepase, será difícil de revertir, porque todos esos pequeños faros necesitan una comunidad iluminada para seguir existiendo.

Esta es la descarga de alguien que, amando el conocimiento, tomó la decisión de congelar su carrera, al menos transitoriamente, para darse el tiempo de aprender por sí mismo, de leer, de explorar. Porque en una época en la que el conocimiento abunda, en la que la información fluye con mayor facilidad que nunca, resulta ser que la decadencia intelectual que se está apoderando del sistema educativo me ha forzado a alejarme un tiempo, abrir mi propio camino.

La muñeca inflable del patriarcado: la nueva conquista del extremismo feminista.

Rápidamente se viralizó la fotografía del regalo que los empresarios de Esaxma le entregaron al ministro de Economía Luis Felipe Céspedes. Al poco tiempo se generó una avalancha de aireadas críticas y aseveraciones rabiosas que inundaron las redes sociales. Tal fue la polémica que hasta la Presidenta de la República salió al paso, y vimos cómo medios internacionales como The Guardian y NY Times hacían eco del escándalo.

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“PARA ESTIMULAR LA ECONOMÍA”

Cuando supe del hecho, de inmediato me llevé la mano a la cabeza. No podía imaginar que estaba pasando por la cabeza de Roberto Fantuzzi al momento de decidir (o aceptar) entregarle una muñeca inflable a un ministro. Sin embargo, mayor fue mi incredulidad al ver luego como el motivo al que aludían todas las críticas era al supuesto “Machismo” y “Patriarcado” que estaba detrás de este acto.

Le he dado vueltas y vueltas al asunto, decidí abiertamente preguntarle a varios conocidos el por qué consideraban el acto como algo tan machista. No lograba verlo, pero ante un rechazo tan transversal, no podía simplemente omitirlo, sentía que estaba pasando por alto algo. Lamentablemente, después de escucharlos uno por uno, mi conclusión seguía siendo la misma, las hipersensibilidades nos están llevando a un radicalismo casi religioso.

Pegado sobre la cara del juguete, la frase “Para estimular la economía” parecía ser la génesis de toda la tormenta que se precipitaba. La oración es simple, dos sujetos, y un acto que los vincula. Una muñeca inflable, un ejercicio de estimulación, y una economía que pareciera hacer falta de una mano.

¿Cuál es el problema en ella que genera tanto rechazo?

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La alternativa más directa recaería en el primer sujeto, la muñeca. ¿Consideran aquellos que la existencia de un juguete con forma de mujer es machista? ¿O radica en que su objetivo de uso sea de satisfacción sexual? Me resulta a lo menos llamativo, nunca antes había escuchado a este mismo grupo de individuos reclamando sobre la existencia de muñecas sexuales. Tampoco he visto que les parezca igual de ofensivo que existan consoladores con formas fálicas. ¿Será necesario sentirse menoscabado porque un objeto de estimulación represente una forma humana?, ¿Sentirse (como sexo) reducido a un objeto, sólo porque alguien lo utilice para ese fin? No lo creo, no parece sensato.

Si el conflicto no recayera en ella… ¿Quizás entonces estaría en el acto? Me pregunté entonces, desde cuando la estimulación se volvió un acto degradante. Pensar que hacerlo resultara machista me parecería una ideología mojigata, cargada de conservadurismos y empaquetada en un moderno conflicto de género, espero que no creo que eso sea lo que guíe estas afirmaciones.

Finalmente sólo me quedaba una alternativa ¿Es acaso el segundo sujeto quien determina tan “asquerosa manifestación del patriarcado”? Para hacerlo, tendría que ser este un símbolo muy particular. La economía tendría que ser la representación de un machista opresor, uno sediento de ser satisfecho por su esclava sexual, su nada más que objeto de placer. Buscarle una interpretación así involucra un salto lógico demasiado grande, uno que no puede ser mínimamente aceptado como argumentación frente al tema, espero que no puede ser este el problema.

Quiero creer que esto no es el resultado de que la porción radical del feminismo, con su amarga búsqueda incesante de machismo en cada detalle, haya contagiado a una proporción considerable de la población chilena. Mi hipótesis al respecto tiene que ver con este segundo sujeto, uno que quizás esconde otra cosa.

Imaginen una persona cansada del sistema actual en que vive, incluyendo las reales injusticias que tiene. Hace un tiempo escuchó de un movimiento que todo era culpa del capitalismo. Ahora esa persona representa su odio en todo aquél que se vea vinculado en su legislación, control, administración y ejecución. Para esa persona, no fue un juego de palabras el de ese día, ni tampoco para el que lo convenció de lo terrible del capitalismo. Para él, no fue una analogía desubicada entre el concepto de estimulación -utilizado en la jerga económica- y el que se aplica en el ámbito sexual. Para esa persona, lo que había era un grupo de cerdos capitalistas celebrando, y uno que tomó la torpe decisión de introducir una forma femenina en la ecuación. Era la oportunidad perfecta para tomar un concepto con el que casi todos estamos de acuerdo, que el machismo existe en nuestra sociedad y debe ser erradicado, y utilizarlo como caballo de Troya frente a lo que realmente odia, el sistema económico.

Me entristece ver cómo ha llegado a propagarse el asunto, como la gravedad pareciera imperar en una búsqueda constante del conflicto. Pero creo que al menos ahora entiendo un poquito más del asunto, porque claro… ¿Cómo es posible que se utilice de esa forma un símbolo femenino para estimular esa asquerosa y putrefacta entidad que simboliza la economía?