Esta semana han causado un revuelo enorme (y merecido) las afirmaciones del médico Ricardo Soto. Invitado permanente del matinal chileno Bienvenidos de Canal 13, ha ganado su séquito de seguidores por su simpatía y buena facha (además de decir lo que la gente quiere escuchar). Sin embargo, pareciera haber cruzado un límite -incluso para él- al afirmar que el cáncer sería consecuencia del odio reprimido de una persona.

Más de un centenar de denuncias en el Consejo Nacional de Televisión, miles de comentarios en redes sociales y varias columnas en periódicos nacionales después, aún no vemos consecuencias reales que sienten un precedente para que este tipo de situaciones no se vuelvan a repetir.

Entonces, ya con tantas críticas al doctor y habiendo sido desacreditada la -obvia- inexistencia de relación causal entre el odio y el cáncer (como pueden ver en este artículo de Etilmercurio) ¿Qué podría quedar por comentar? pues veamos (no sin antes recomendarles escuchar la conversación que tuvimos sobre este tema en el último episodio de El poder de la duda, el Podcast de la Asociación Escéptica de Chile).

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Hemos centrado la discusión en dos extremos de un espectro, pero nos está faltando una pieza clave. Gastamos demasiado tiempo (y energía) en, ya sea desacreditar las tonteras que dice el pseudo-médico, o en criticar a los medios de comunicación de una forma -quizás- demasiado general y poco tangible.

Lamentablemente, centrarse en el individuo o -peor aún- en sus dichos específicos con suerte lo dejará en vergüenza frente a la porción más educada de lectores, personas que, para empezar, están probablemente lejos de dejarse llevar por tales ridículos postulados (además parece que, si hablamos de vergüenza, el hombre tiene bastante poca). En el mejor de los casos el canal podría sacarlo del aire para evitar más problemas, lo cual no es nada seguro de ocurrir ya que, lo que más le ha traído la controversia al programa, es rating, y en el milagroso caso de que se diera, más temprano que tarde llegará otro a su reemplazo (cosa que no creo le preocupe demasiado a Soto, quien ya tiene todas sus horas copadas hasta el segundo semestre).

Por otra parte, las discusiones intelectuales que solemos tener sobre la responsabilidad de los medios tienen poco efecto en el mundo real, uno que está dirigido por el libre mercado y en donde sigue siendo más lucrativo simplemente entregarle a la gente lo que quiere, por mucho daño que esto le pueda causar. De seguro la multa que podrían llegar a pagar (en caso de que una denuncia fructificara), no es nada en comparación con el aumento en dividendos por advertisement que tendrán estas semanas. No hay publicidad mala dicen.

Tampoco esas discusiones llegarán a importarle a parlamentarios, quienes son de los pocos con potestad de tomar cartas en el asunto y legislar un tema tan delicado como el libertinaje mediático y sus consecuencias en la salud pública. No, al menos, mientras estos políticos sigan tan analfabetos científicos como hasta ahora.

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Estaba en esta congoja de ver cómo ni apuntar al individuo, ni hacerlo a una responsabilidad ética teórica de los medios, pareciera tener el potencial de un efecto duradero, cuando leí una frase que me dejó frío:

 Canal 13 en todos sus programas mantiene una línea editorial clara y responsable En el caso de Bienvenidos, hemos renovado la presentación de temas médicos en pantalla enfocándonos en problemas cotidianos y soluciones para las personas en el ritmo actual de vida. Especialistas como el doctor Soto tienen un enfoque de la medicina que aún es novedoso en nuestra cultura, y que recoge conocimientos y experiencias de otras vertientes. Los facultativos de la salud en el matinal presentan sus posturas, sus estudios, y las vivencias que tienen en base al ejercicio de su actividad. El diálogo de nuestros animadores y del público con ellos busca mantener siempre la claridad de que en medicina los temas tienen diversos enfoques

“Dimos en el clavo de una necesidad de humanizar la medicina, porque está bien tomar los remedios, pero hay una dimensión más allá, más profunda

Pablo Manríquez, director de Bienvenidos

Curiosamente, el único sujeto que no ha sido tocado en toda esta discusión es el mando intermedio del canal de televisión. Y no podía habernos hecho el favor de dejar más en claro el problema.

Pablo parece tener una visión clara (y bastante crítica) de la medicina convencional. Esto podría ser una problemática legítima si hablamos de cómo es necesario re-humanizar la práctica de la medicina (y así lo estatifiqué en un post anterior), pero el salto equívoco es traspasar el problema de la práctica médica a la medicina en su totalidad. Hacer esto es confundir al médico con el cuerpo del conocimiento, es confundir la evidencia científica con el personaje que interactúa y transforma esa teoría en una práctica.

Creo que es ese el punto central al que debemos dedicar todo nuestro esfuerzo, hacer entender que podemos tener una medicina más humana fundamentada en la ciencia que la respalde. Porque es esa crítica la que da nacimiento a todas estas prácticas alternativas pseudo-terapéuticas, así también a otras como el movimiento anti-vacunas.

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Claro, aquí evidentemente hay un desconocimiento profundo del método científico al afirmar que los facultativos presentan “sus estudios”, no sólo parece no entender bien que es un estudio, menos aún los requisitos mínimos para que uno sea considerado moderadamente serio. Pero tenemos que apuntar a ese punto mucho más banal, porque forma parte del cimiento fundamental de toda la línea de pensamiento que lleva a la creencia en estas pseudociencias. La medicina NO tiene diversos enfoques, no al menos en la forma en que Pablo cree. El concepto mismo de medicina “alternativa” es absurdo. Las cosas o funcionan o no, o colaboran con la cura de la patología o no lo hacen, los mismos pseudo-terapeutas se han acuñado ese apellido diferenciador para escapar de la realidad: simplemente no son medicina.

El resto de análisis planteados en distintos medios son totalmente ciertos y bien fundamentados, pero creo que si redirigimos nuestras energías en ese pequeño error de razonamiento, podemos cortar el eslabón que sostiene toda esta cadena sin sentido. Y bueno, paralelamente no luchar por una multa más, sino solicitar amablemente que Pablo Manríquez sea destituido de su cargo, reemplazado por alguien para quien “una línea editorial clara y responsable” sea algo más que palabras vacías.

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2 comentarios en “No otro comentario más sobre el “Dr. Soto”

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