Psicodelia, de la contracción del griego psyche y delein, se podría traducir como la manifestación de la mente (o el espíritu). Y eso tiene sentido para quien ha experimentado con ellas, pues son conocidas por sus complejos efectos en la percepción de la realidad.

Podríamos agrupar a sus principales exponentes en:

  • Serotoninérgicos: Agonistas de un receptor específico de Serotonina. Este grupo Incluye a Lisergamidas como el LSD, Triptaminas como la Psilocibina de los hongos o el DMT de la Ayahuasca, y Feniletilaminas como la Mescalina del Peyote o San Pedro.
  • Empatógenos-entactógenos: Como el MDMA, más conocido como Éxtasis, debido a sus efectos en la percepción de los sonidos y las relaciones sociales.

A pesar de que, desde tiempos remotos, diversos tipos de sustancias psicodélicas han sido utilizadas en prácticas con fines medicinales y rituales religiosos (contexto en el que se les conoce como enteógenos), fue recién en los años 50´y 60´ que comenzaron a ser estudiados de forma más rigurosa.

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Albert Hofmann, descubridor del LSD.

Un caso icónico es el del Ácido Lisérgico (LSD). Este químico, cuya abreviación es conocida también por la canción de los Beatles, fue sintetizado por primera vez como derivado de la Ergotamina en el año 1938. Albert Hoffman, científico suizo, trabajaba para una compañía farmacológica intentando fabricar un estimulante del sistema nervioso central cuando llegó a  la molécula. Luego de haber quedado relegada en el olvido durante 5 años, el investigador volvió a experimentar con ella, pero esta vez un descuido llevó a que tuviera contacto directo con la sustancia. Así fue como, accidentalmente ,descubrió sus efectos. Los que luego reproduciría en si mismo nuevamente, esta vez de forma intencional, y con una dosis bastante mayor.

    “Me vi forzado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a media tarde y dirigirme a casa, encontrándome afectado por una notable inquietud, combinada con cierto mareo. En casa me tumbé y me hundí en una condición de intoxicación no desagradable, caracterizada por una imaginación extremadamente estimulada. En un estado parecido al del sueño, con los ojos cerrados (encontraba la luz del día desagradablemente deslumbrante), percibí un flujo ininterrumpido de dibujos fantásticos, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos. Esta condición se desvaneció dos horas después.”

    Albert Hofmann, Viernes 16 de abril de 1943.

En 1947 la droga se llegó a vender formalmente como tratamiento psiquiátrico, bajo el nombre comercial de Delysidmientras al mismo tiempo la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) la utilizaba para diversos experimentos de control mental. Conocida como operación Midnight Climax (parte del macabro proyecto MKULTRA), cientos de prostitutas recibieron dosis de LSD sin su consentimiento, lo que continuó hasta la década de los 60, cuando un informe interno solicitó la detención de los procedimientos.

Paralelamente, las drogas psicodélicas se habían hecho una fama interesante, y ya no estaban restringidas a laboratorios. Al popularizarse, se convirtieron en un símbolo de rebeldía juvenil y rechazo político, por lo que ya por el 66 la posesión de LSD era penalizada, mientras que pronto la seguiría su uso en investigaciones. Escena que continuó durante las décadas siguientes.

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Con el tiempo, se fueron reanalizando los motivos previamente esgrimidos para las medidas de restricción en la ciencia. Así, se terminó por plantear que estaban -en su mayoría- fundados en reportes poco sensatos, y que su uso estudio terapéutico podría llegar a plantearse de forma segura. Para seguir la línea del icónico Ácido Lisérgico, se demostró que a dosis normales no era responsable de daño cromosomal que puediera resultar cancerinogénico; como tampoco existiría evidencia concluyente de que aumente el riesgo de desarrollar esquizofrenia o produzca reacciones psicóticas prolongadas, uno de los miedos más frecuentemente citados.

Ante esto, y luego de años de prohibición, diversos exponentes de la comunidad científica comenzaron a manifestarse contra las restricciones (1,2), ya que las dificultades impuestas a la investigación con estas sustancias parecía estar mermando la posibilidad de desarrollar herramientas terapéuticas significativas. Hoy el panorama ha ido cambiando, y en la actualidad son varias las organizaciones que abogan por la investigación al respecto, con ejemplos como la MAPS y el Heffter Research Institute.

Podemos tener una discusión interesante respecto a la legalización de psicodélicos para su uso recreativo, sin embargo, fuera de ese ámbito, el panorama ha ido cambiando. Investigadores han logrado obtener permisos, y según estos últimos hallazgos, todo parece indicar que: desde hongos para el tratamiento de la depresión, hasta MDMA para el estrés post-traumático, efectivamente podríamos estar dando los primeros pasos hacia todo un nuevo arsenal para el tratamiento de enfermedades mentales.

Es importante considerar que, aún en el siglo XXI, áreas de la medicina como la Psiquiatría sigue estando en pañales, lo que explica -en parte- la dificultad que tenemos aún para el manejo de este tipo de enfermedades. Puede ser que esta nueva línea de investigación nos traiga interesantes descubrimientos durante la próxima década, por ahora, ojos bien abiertos, mentes bien manifestadas.

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