Ella es la sex simbol de una generación completa, fue portada más de una docena de veces en la revista PlayBoy, se hizo mundialmente conocida por un video amateur. Sin embargo, Pamela Anderson dio hace un par de días una entrevista condenando la pornografía, aseverando que esta era corrosiva y haciendo un llamado a que los hombres dejaran de consumirla.

“This is a public hazard of unprecedented seriousness given how freely available, anonymously accessible and easily disseminated pornography is nowadays”

– Pamela Anderson

Ante declaraciones de alguien tan vinculada al mundo donde el cuerpo no es más que el objeto mismo de atracción y venta, cabe que nos hagamos la pregunta ¿Qué efectos puede realmente tener la pornografía en una persona? Quizás esto tiene un impacto a considerar, pero más importante aún es que pasa en particular con el grupo de niños y adolescentes que la consumen. Generación que nació en medio del auge tecnológico, con acceso ilimitado a estímulos que antiguamente sólo se podían conocer de forma directa.

Pero nos quedaríamos cortos si analizamos solamente la sexualidad en el contexto de una industria diseñada para aquello, dejando de lado algo más general y cotidiano aún, los medios de comunicación masivos como canal de entrada, directo a tu cerebro.

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Cada vez se juega más con el erotismo para acercarse, entretener y vender a menores. Así han ido incrementando cuan explícitos son al respecto, con suficiente lentitud para nuestra normalización del problema. Niñas y niños crecen entonces en un entorno saturado de imágenes sexualizadas, sin importar si son o no el público objetivo de ellas.

Esto va modelando tanto los impulsos sexuales, como los estereotipos de belleza de la juventud, donde los parámetros europeos/estadounidenses son presentados como una realidad en un país social y culturalmente distante.

“… a mí por ejemplo la parte física ¡ah que bacán! ellas como se pintan, se depilan, se visten, todo, entonces después me visto, me pinto, y ¡ah! soy lo máximo…” (Niña, C2)

“… sobre todo a la Jennifer, es de pelo rubio, blanca y canta y baila súper bien” (Niña, D)

“… porque … el jefe quiere que se vea todo… quiere que muestren todo… y eso les gusta…” (Niña E)

“… les muestran abajo, en vez de mostrar cómo bailan…” (Niña D)

“Percepciones de Imagen Femenina en TV” estudio de  CNTV
niñas entre 8 y 10 años de edad

Los niños se ven erotizados cada vez de forma más precoz y luego se ven involucrados en fantasías que muchas veces no son acordes a las de su sociedad. Esto termina por objetificar al ser humano, incomodándolo con su propio cuerpo, teniendo implicancias relevantes en su esfera psicológica.

Los adolescentes están desarrollando sus propios roles de género, actitudes, y comportamientos sexuales, por lo que son un grupo particularmente vulnerable. Más aún al considerar que sus habilidades cognitivas están inmaduras y es difícil para ellos analizar críticamente lo que se les presenta por los medios.

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Se ha visto al respecto que adolescentes que más los consumen son más propensos a aceptar estereotipos de género. Niñas buscan activamente este tipo de contenido para entender las “reglas, rituales y habilidades” del sexo y el romance. Reportando, por ejemplo, que son los medios quienes les enseñan cómo deben verse para gustarle a los hombres. Se ha encontrado que jóvenes con mayor número de parejas sexuales e historial de enfermedades de transmisión sexual ven más programas en que las mujeres son tratadas como objetos sexuales.

Por otra parte, Internet se convierte en otro gran frente de batalla de los medios. Los adolescentes mencionan que esta es la fuente de información más frecuente e importante a la cual acceden para conocer con más detalle la información sexual, debido a la privacidad que les otorga, junto con su fácil acceso. A esto se suma el pudor y la poca confianza que existe con los padres, además de percibir que estos no poseen el manejo de información sexual que los adolescentes requieren en función de sus intereses. Con su mayor penetración, nos encontramos además con un aumento paralelo del uso compulsivo de internet, y comportamientos compulsivos asociados a la pornografía y el sexo virtual.

La red puede tener un sinnúmero de beneficios, sin embargo, es un hecho que los niños se ven expuestos a sexualidad explícita sin control alguno, además del auge en el uso de redes sociales. Cabe mencionar Chile es el quinto país del mundo que más tiempo pasa en redes sociales, y el tercero con mayor penetración de Facebook. Estos medios son atractivos para adolescentes que están en busca de su identidad, permitiéndoles la promoción individual y la inclusión a grupos de otra manera difícilmente accesibles. Los jóvenes tienen una menor auto-regulación y habilidades de juicio, lo que los lleva a comportamientos riesgosos. A esto se suma el denominado “online deshinibition effect”, en donde la información personal privada es expuesta mucho más que en interacciones cara a cara.

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Así mismo, la popularidad en estos medios se mide en cuantos amigos y “me gusta” tienen, de esta forma el comportamiento está fuertemente influenciado tanto por la apreciación de los pares, como del ejemplo de los más exitosos, llevando a los niños a competir por atención, pudiendo expresarse como una sobreexposición erotizada de ellos mismos. Los medios sociales actúan entonces como una especie de “súper” par, llevando a la generación de normas sociales en los niños y adolescentes.

Por su parte, investigaciones sugieren que el consumo de material sexual está asociado con un amplio espectro de cambios conductuales. Estos incluyen menor edad de inicio de actividad sexual, mayor número de parejas sexuales, aumento en la probabilidad de involucrarse en sexo casual o grupal, ofrecer sexo a cambio de dinero o bienes, no usar condón durante las relaciones y aumento del número de enfermedades de transmisión sexual. Esto ha sido corroborado en estudios longitudinales controlando por factores confundentes. Sin embargo, es importante aclarar que el aporte de este consumo es en general modesto, lo que quiere decir que su efecto es sumativo en un modelo causal multifactorial.

Un punto importante que afecta sus relaciones futuras es que les induce a desarrollar actitudes poco realistas sobre el sexo y las relaciones. Se ha visto que con el aumento de exposición a contenido sexual, paralelamente aumenta la percepción de que este material les será útil y es representativo de una relación sexual normal.

Se ha visto una correlación negativa entre la exposición a este material y actitudes progresivas sobre los roles de género. Esto refuerza la dominancia masculina y la sumisión femenina, aumentando, tanto en hombres como mujeres, la visión de la esta como un objeto sexual.

Es interesante la discrepancia de percepción de sus efectos: en un estudio, un 71% de los adolescentes creía que la pornografía influía en el comportamiento de los demás, pero sólo un 29% reconocía que lo hacía en el suyo propio.

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Se ha visto que los niños expuestos precozmente tienen mayor tendencia al desarrollo de comportamiento anti-social, asociado a una visión distorsionada de la sexualidad y glorificación de la promiscuidad. Para la mayoría de los hombres, la exposición a material sexualmente explícito no está vinculado a un mayor nivel de agresión. Sin embargo, en aquellos en que existen factores predisponentes, los que consumen más pornografía presentan niveles 4 veces mayores de agresividad sexual. Específicamente, la pornografía con alto contenido de violencia puede aumentar hasta 6 veces la probabilidad de que ese adolescente sea sexualmente agresivo.

Uno de los mayores problemas es que muchos jóvenes, en etapas tempranas de la adolescencia, no tienen experiencias reales con otros pares para balancear estos estímulos, por lo que la exposición a material sexual explícito lleva a la internalización de esos conceptos, pudiendo actuar más tarde de forma acorde a tales expectativas.

En cuanto a las consecuencias en el auto-concepto, los hombres suelen insegurisarse respecto de su rendimiento sexual, mientras que las mujeres tienden a desarrollar problemas sobre su imagen corporal. Se vio también en hombres adultos, existe una relación inversa entre la frecuencia del consumo de pornografía y la autoestima, tanto genital como sexual.

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¿Por qué estas consecuencias se ven exacerbadas según la edad del individuo? Investigaciones sugieren que el sistema límbico madura mucho antes que la corteza prefrontal durante la adolescencia, creando un sesgo para que los estímulos emocionales sobrepasen al control inhibitorio. La pornografía representa un estímulo provocador y sobresaliente emocionalmente, lo que es extremadamente atractivo para el cerebro en desarrollo. Además, durante este periodo los estímulos visuales son codificados en regiones corticales de forma más profunda que el resto, por lo que las imágenes sexualmente explícitas causan un impacto mucho mayor que las palabras y el razonamiento.

Brown, Keller y Stern en el 2009 mostraron que los adolescentes testigos de prácticas sexuales riesgosas en material pornográfico, en ausencia de educación al respecto, eran más susceptibles de involucrarse en comportamientos sexuales de alto riesgo. No quiero por ningún motivo demonizar la sexualidad, ni tampoco decir que la pornografía sea en sí mala. Esta es básicamente un espectáculo, y como tal los adultos tienen la libertad de disfrutarla de forma responsable. Pero debemos reconocer que sí tenemos un deber, y consta en hacer conscientes a los niños de cómo funcionan los medios de comunicación, y como estos utilizan la sexualidad como una herramienta más de venta. Si logramos desarrollar la “alfabetización mediática” de los jóvenes, estos tendrán herramientas para entender y manejarse mejor en el mundo moderno. De la misma forma, es una buena idea fomentar el desarrollo de la autoconfianza de los menores y mejorar los grados de integración del adolescente dentro de su círculo, lo que ha demostrado llevar a una disminución en el consumo de contenido sexual e incluso en los niveles de agresividad escolar.

Bibliografía

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  6. Gruber, E., & Grube, J. W. (2000). Adolescent sexuality and the media: A review of current knowledge and implications. Western journal of Medicine, 172(3), 210.
  7. Andrade, A. (2014). Influencia de internet en la sexualidad adolescente: conociendo como es percibida por sus actores.
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