En la Grecia antigua, los escépticos afirmaban que los sentidos nos engañaban, por lo que no podíamos estar seguros de que le mundo era realmente como lo percibíamos. Descartes fue el primero en ir más allá, planteando que nuestra experiencia puede mantenerse tal como la vivimos sin necesidad de que sea similar a la realidad externa, por lo que, en efecto, no podemos estar seguros de que esa realidad externa finalmente exista.

Muchos libros y películas, desde el surgimiento de la electrónica, han esbozado los sueños de ciencia ficción abordando el tema. Podríamos decir que nació así una nueva clase de escepticismo, uno en que entendemos que, incluso existiendo el mundo físico, y que este sea como lo percibimos, es posible (e incluso probable) que nuestra experiencia sea una simulación, más una alucinación que algo verídico.

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Are you living in a computer simulation?

Nick Bostrom, del departamento de filosofía de la Universidad de Oxford, publicó el año 2002 un paper titulado “ARE YOU LIVING IN A COMPUTER SIMULATION?”, a raíz de este, se abrió el debate. Pasaré a explicar su postulado a continuación.

Asume como verdadera una forma moderada de lo que se conoce como substract-independence, refiriéndose a que sería sería suficiente la replicación de los procesos del cerebro humano, en un nivel de detalle adecuado, para la generación de experiencias subjetivas.

Actualmente no tenemos el nivel de desarrollo tecnológico que nos permita crear esas mentes conscientes, pero esto cambiaría en el estado “post-humano” de la civilización, en que el hombre habrá adquirido la mayor parte de tecnologías que permiten las leyes de la física y limitantes energéticas.

Podemos imaginar la enorme cantidad de cómputo que algo así necesita. Algunas estimaciones dirían que con el avance de la tecnología esto sería posible, pero además hay que tener en consideración que un simulador post-humano haría seguimiento de todos, por lo que podría, igual como lo hacen actualmente los videojuegos, hacer los cálculos solamente en el nivel adecuado para que el error, o los límites de la simulación, sean invisibles para sus observadores. Por ejemplo, el nivel de detalle a calcular podría aumentar frente a que un observador se encuentre realizando experimentos subatómicos, o en caso de que ocurriera algo inesperado, podría solucionarlo tanto editando los estados mentales de ellos, como retrocediendo la simulación para evitar el problema.

Bostrom plantea entonces tres posibles escenarios futuros:

  1. La civilización tecnológica colapsa: Nunca se llega a simular nada, ya que terminamos acabándonos como especie, o volviendo a un estado más primitivo. Un causante de esto podría ser una tecnología peligrosa, como el mal uso de la -actualmente en desarrollo- nanotecnología.
  2. La fracción de civilizaciones post-humanas que finalmente simulan a sus ancestros es pequeñísima: Esto se podría explicar por varias razones.
    Una alternativa sería que no haya individuos con suficiente interés y recursos para hacerlo.
    Otra podría ser que hubiera leyes que prohibieran su creación. Pero para que estas leyes existieran en la mayoría de los escenarios tendría que haber alguna razón poderosa, como podrían ser motivos éticos, teniendo en consideración el sufrimiento que vivirían los habitantes de la simulación. Esto tendría que coincidir además con que tal civilización tuviera la capacidad real de ejercer tal prohibición.
    Una tercera opción es que nuestros descendientes consideren muy ineficiente la simulación ancestral como forma de entretención, considerando que probablemente sean capaces de obtener placer directamente estimulando sus centros de recompensa cerebrales.
  3. Estamos viviendo en una simulación: La civilización post-humana decide llevar a cabo simulaciones ancestrales. Esto podría llevar a plantearnos otras interrogantes, los simulados podrían a su vez llegar a ser una civilización post-humana que volviera a crear una simulación dentro de la primera. Sin embargo, llegaría el momento en que la carga de cómputo para la simulación original sería tan alta que tendría que abortar la simulación (ya que no sabemos en cual de esos niveles nos podemos encontrar, quizás sería prudente no desarrollar una simulación por nosotros mismos).

Bostrom nos deja con una inquietud existencial.

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La posibilidad es real, ¿pero cuales son realmente las probabilidades?

Barry Dainton, de la Universidad de Liverpool, plantea un ejercicio interesante. Imagina que llamamos flujo de vida a la sucesión de eventos que componen la consciencia de una persona, desde que nace hasta que muere. Tanto tu flujo de vida como el mío son parecidos, de una persona promedio de inicios del siglo XXI, lo que podríamos llamar flujos tipo 21. Ahora supongamos que en el futuro grandes cantidades de flujos tipo 21 son simulados, por ejemplo que el número de simulaciones excediera diez veces al número de habitantes actuales de la tierra.
Entonces, ¿Cuál es la probabilidad de que lo que estás experimentando realmente esté ocurriendo a comienzos del siglo XXI? La respuesta es sobrecogedora, solo de una en diez.

Frank Tipler en 1944 ya planteaba el siguiente análisis:

  1. El flujo de consciencia se podrá replicar en un computador.
  2. El número total de flujos de consciencia, de duración finita, es infinito.
  3. El poder de procesamiento de los super-computadores de nuestros sucesores será infinito.
  4. Este super-computador será capaz de simular el flujo de consciencia de cada ser humano posible
  5. Entonces, nuestra resurrección es inevitable: “Los muertos van a ser resurrectos cuando la capacidad de cómputo del universo sea tan grande que la cantidad requerida para almacenar la simulación de cada ser humano sea una fracción insignificante de tal capacidad”

En el mundo que Tipler propone, la probabilidad de que tu vida sea una simulación es realmente alta, y esto no dependería de cuanto detalle sepan de nuestras vidas en el futuro, sino sólo de que sus super-computadoras sean lo suficientemente poderosas.

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Pero no necesariamente nuestra consciencia tiene que ser parte de la simulación. En un futuro tan avanzado, es probable que tengamos la tecnología para borrar los límites de la interfaz hombre-máquina. Transmitiendo información directamente a las áreas corticales sensoriales, y obteniendo respuestas desde las áreas motoras.

Imaginándonos que en tal escenario la relación temporal fuera de 1:1, pareciera más probable que nuestros descendientes no se introduzcan en simulaciones durante toda su vida (o quizás si, quien sabe, si seguimos como vamos, no es tan difícil imaginar un futuro distópico lo suficientemente horrible como para querer escapar en un mundo virtual), sino que realizaran viajes cortos, por periodos limitados.
Si suponemos que la civilización post-humana vive unas 10.000 generaciones luego de la invención de la tecnología de simulación, sería suficiente que cada uno viajara sólo una vez durante toda su vida, durante un día, a nuestra época actual, para que fuera 50 la cantidad de vidas simuladas por cada vida real de nuestro mundo actual. Incluso en tal caso, lo más probable es que vivamos entonces en una simulación.

Dainton plantea el tema de otra forma también interesante. Teniendo en cuenta las siguientes afirmaciones:

  • a) La humanidad tendrá un futuro largo y exitoso
  • b) La tecnología hará posible experimentar simulaciones de la vida humana, en todo tipo de formas.
  • c) Tu y yo existimos en el siglo XXI

Ni a ni b por si mismas son una amenaza para nuestra realidad actual, ya que la tecnología no solo debe existir, sino que debe ser usada frecuentemente por un periodo de tiempo suficiente para que realmente se vuelvan una “amenaza” para nuestras vidas actuales. De esta forma, mientras más seguros estemos de a y b, más probable se hace que estemos viviendo en una simulación. Si a esto le agregamos la teoría de los multiversos, puede que las chances estén realmente en nuestra contra.

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¿Qué te pasa a ti con todo esto?

¿Qué sensación te da la posibilidad de que todo lo que realmente experimentamos sea una simulación? ¿O que tu consciencia sea una simulación, o que todas las que te rodean lo sean?

Según Robin Hanson, si realmente aceptáramos esto como una probabilidad cierta, tendrá en consecuencia implicancias para nuestra forma de vivir, en como tomamos decisiones en nuestra cotidianeidad. Hanson afirma que comenzaríamos entonces a preocuparnos menos por los demás, vivir más el presente, tomar acciones para que el mundo parezca prosperar, ser más entretenidos y mantener a la gente famosa que te rodea feliz e interesada, porque si hay alguien del futuro que está viviendo esa simulación, no querremos darles razones para terminarla.

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