Cuando era niño, llegaba ilusionado a casa después del colegio. Soltaba la mochila desparramada y lo primero que hacía era prender la televisión, ansioso de ver otro capítulo de Pokémon. Más adelante jugué a varias versiones de los juegos lanzados para GameBoy (tengo aun dando vueltas por ahí un Pokémon Yellow para GBC), y finalmente al Pokémon Stadium de la Nintendo 64. Aun cuando escucho la canción introductoria se me ponen los pelos de punta, y cuando supe hace meses que saldría Pokémon Go, que utilizaba geolocalización para hacerte parte de la aventura, no pude evitar sentirme un niño otra vez.


(Para que se emocionen con buena música mientras leen)

El fenómeno es global, Pokémon Go llegó con una fuerza inusitada, superó primero a Tinder, luego a Twitter, Snapchat y hasta Facebook como la aplicación más usada, en todas las plataformas. Finalmente llegó a coronarse como el rey indiscutido al superar incluso a la pornografía como el término más buscado de Google.

Al salir a las calles se pueden ver cientos de personas, de todas las edades, cainando hipnotizadas en sus celulares, o detenidos en un lugar extraño intentando capturar el Pokémon que les falta. El otro día recorría callejuelas alrededor de las 12 de la noche, y me sorprendía con pequeñas plazas urbanas atestadas de transeúntes. El día siguiente capturé un gimnasio a las 5 de la mañana, seguro de que a esas horas sería mío por un buen tiempo, 10 minutos más tarde me encontraba mi Chansey de vuelta en mi inventario.

Todo este fenómeno es absolutamente sorprendente, un verdadero osgarmo para los sociólogos. Ayer lancé un cebo en un parque local, pronto estaba preguntándome si estos se habían diseñado para atraer Pokémon o realmente eran para atraer personas, la multitud invadió el lugar.

Jugarlo es tremendamente adictivo, y para los que vivimos su gloriosa época en nuestra infancia es una descarga tremenda de nostalgia, directo a la vena. No vengo a calificar jugadores, como he visto a muchos hacer últimamente en su absurda parada de viejos amargados, mi política es vive y deja vivir, sin embargo, hay algo que no deja de saberme amargo.

Hay cosas que si me gustan de la aplicación. El día de su lanzamiento en Latinoamérica caminé al menos 25kms. Los días siguientes me desplacé mis trayectos usuales a pie en lugar de usando el transporte público. El sistema de Pokeparadas me ha llevado a recorrer calles hasta ese momento desconocidas, encontrar edificios muy interesantes, esculturas ocultas y hasta bellos grafitis que no habría descubierto sin la aplicación. Así también veo a muchos otros, el juego realmente está fomentando la actividad física, y de la misma forma haciendo que los ciudadanos conozcamos nuestra propia comunidad.

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¿Qué me molesta entonces?

Voy a dejar de lado los accidentes que pueda causar, o los asaltos que se vayan a suscitar, o como el exceso o mal uso de la misma puede hacer que de tanto ver la pantalla nos perdamos el interesante mundo que nos rodea, ni siquiera hablaré de el tiempo perdido que malgastaremos jugando. Esto, porque lo que realmente me deja ese sabor amargo no está en las consecuencias, no deriva de un análisis racional del tema, sino de la esencia misma del juego.

Con un protagonista que tenía apenas 10 años cuando comienza su carrera como entrenador, en la serie original trata sobre el crecimiento, la superación, la amistad. En el fondo, sobre la vida.

Su primer Pokémon resulta ser Pikachu, quien se convierte en una piedra fundamental en el transcurso de toda la historia por venir, originalmente toda la historia transcurre en un mundo donde las emociones y los vínculos son primordiales. En la aplicación, soy el único de mi círculo que aún conserva su Charmander nivel 10.

La primera captura de Ash es un Caterpie, el personaje original crea una relación con la oruga, lo cuida con cariño, hasta que con el tiempo evoluciona a Metapod. Por otro lado, nosotros nos encontramos con una aplicación que nos incentiva a capturar más y más Caterpie en la ambición de encontrar el mejor, desechando el resto para experimentación a cambio de caramelos. Lo emocionante del paradigma original es como Ash lo sigue queriendo en ese estado de inutilidad, tal como un padre que continúa adorando a su insoportable hijo adolescente, todo el proceso es lo realmente valioso, y sabe que naturalmente renacerá como un adulto, lo acompañará hasta Butterfree, sin esperar algo a cambio.

En Pokémon Go nunca haríamos algo así, no nos interesa una crisálida incompetente, ni siquiera le pondremos nombre y lo dejaremos ahí botado, hasta que capturemos los suficientes para venderlos y evolucionar alguno que nos parezca más útil (a menos que encontremos uno salvaje ya evolucionado, en ese caso podemos desecharlos a todos directamente). Los gimansios en si mismo implicaban un respeto hacia el lider, y existía humildad en la derrota. En Pókemon Go se trata simplemente de odiar al otro equipo en un vorágine de quites de gimnasios insesantes.

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Es verdad que cuando uno analiza Pokémon en retrospectiva, siempre tuvo algo obscuro. Ocupabas a quienes querías como objetos de pelea, igual como lo hacen en la vida real con perros o gallos en apuestas clandestinas. Ocupabas tu amistad para forzarlos a luchar en tu nombre, y lo hacías hasta las últimas consecuencias, sin embargo, estos nunca morían. Esto se puede interpretar de muchas formas, un experimento interesante, que creo vale la pena leer, está retratado en el CreepyPasta de Pokémon Black.

Pero, a pesar del análisis maduro que uno pueda hacer, está claro que mantenían a los niños alejados de ese choque, quizás protegidos de la inevitabilidad de la muerte. Y la sensación con que uno vivía esa época, era de felicidad, de amistad y de superación. Eso es lo que Niantic destruyó en su nueva versión para aparatos móviles. Básicamente ajustaron la mecánica de cómo funciona Pokémon para vender. Las micro transacciones son la regla, y por tanto las pokebolas se te terminarán acabando, los módulos te costarán efectivo, y básicamente el mejor jugador será el con más puntos de experiencia, y ¿qué mejor que un par de huevos de la suerte para alcanzar rápidamente ese punto de poder?

Recuerdo hace un par de años, nos encontrábamos con mi mejor amigo de la infancia recorriendo cerros en el sur de nuestro país. En una roca, mirando hacia el valle, conversamos sobre esas series que tanto queríamos en nuestra niñez. Terminamos fantaseando lo mágico que sería una versión de Pokémon adaptada a las nuevas tecnologías, en el que justamente el GPS fuera lo que nos permitiera recorrer el mundo y atrapar Pokémon. Semanas luego de esa conversación se anunció el lanzamiento, recuerdo la emoción del momento, pero ahora, luego de haberlo jugado varios días intensamente, solo me quedo con ese sabor amargo en la boca.

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Así es como acaba mi corta travesía en este mundo con el que soñé cuando niño y que lamentablemente me decepcionó como adulto. No puedo evitar sentir que esta nueva adaptación tomó lo peor de nuestra sociedad para aplicárselo a Pokémon, la superficialidad, las relaciones efímeras y utilitaristas, la desconexión. No se trata de que el juego fuera “educativo” ni mucho menos, sólo que siguiera el espíritu de la serie. Me hiciste pasar buenos momentos querida serie, pero lamento que no hayan desarrollado algo a tu altura.

De todas maneras, no le veo mucho futuro por delante al juego. Está, para mi gusto, roto. El mecanismo de entreamiento de atrapar y atrapar los mismos Pókemon, los que nisiquier tienen que ser debilitados ¡aburrido!; las peleas son monótonas a más no poder y solo ocurren en gimnasios (ni compararlas con las épicas batallas de los juegos, recordar que estamos hablando de un juego “online” aquí); estos últimos se pasan constantemente de bando en bando por la ridícula facilidad del ataque; los Pokémon no están bien repartidos geográficamente (no tienen una relación real con el lugar donde los encuentras, resulta además frustrante que tan precozmente ya hayan atrapado a los 150 iniciales); y los tramposos, que comenzaron antes de su lanzamiento o ocupan actualmente hacks de GPS; hacen que el juego se vuelva monótono, desbalanceado, y finalmente decepcionante. No me extrañará ver la declinación del fenómeno en las próximas semanas y meses, a la par de como la emoción inicial se vaya disipando. Al menos sé que un par de cabezas inteligentes están analizando todo esto y quizás que interesantes cosas nuevas podamos aprender de como funcionamos los humanos.

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Un comentario en “Pokémon Go: de la emoción a la decepción.

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