El Mindfulness ha tenido un gran auge el último tiempo. A pesar de que muchos se han aprovechado del tema, ya sea por intentar usufructuar, o parte de su lavado de cerebro new-age, la verdad es que está teniendo enormes impactos. Si la meditación ha tenido sentido históricamente como proceso de desarrollo personal y como parte de filosofías de vida (o religiones como el budismo); es en el mundo actual, donde nos vemos exigidos constantemente como partes de la máquina productora, donde nuestras vidas transcurren velozmente, sin que podamos seguirle el paso, sin que podamos darnos el mínimo de tiempo necesario para nosotros mismos; en esta vida moderna es cuando cobra más relevancia.

He experimentado personalmente con estas técnicas, pero más que lo que yo pueda decirles directamente, es la ciencia la que sigue aportando más y más datos sobre sus beneficios. Uno de mis objetivos al crear este blog era en algún momento poder compartir esta experiencia, analizar lo que sabemos sobre el tema y poder ayudar a que más gente acceda y se motive a intentarlo. En este punto, he alcanzado un pequeño peldaño de lectores interesados, por lo que creo vale la pena darme el trabajo y hacer una introducción, colaborando y argumentando racionalmente el porqué de la necesidad de difundirlo. Comenzaremos entonces esta serie con un pequeño vistazo a la historia del Mindfulness. Con tal de que, al final de esta serie, una sola persona haya hecho parte de su vida cotidiana la meditación, me sentiré absolutamente pagado.

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¿De dónde viene todo esto?

Van ya dos párrafos y ni siquiera la he aún definido, pero me imagino que varios de vosotros ya habrán escuchado su nombre en algún rincón de los medios o el internet. Mindfulness se ha traducido al español como “atención plena”, y trata básicamente tanto de un proceso como de un final, de un estado psicológico en que la atención está totalmente dedicada al momento presente, a todas las experiencias tanto internas como externas que suceden en ese pequeño fragmento, tan pequeñamente inconmensurable, tan vertiginosamente efímero.

Mindfulness es originalmente una traducción del término Sati, del idioma Pali proveniente del subcontinente indio, de donde surge gran parte de la literatura budista que conocemos hoy. El Sati es uno de los siete factores de la iluminación budista, y hace referencia al reconocimiento de los dhammas, la palabra dhamma (no confundir con Dharma) por su parte no tiene una traducción exacta, suele referirse a “la ley y el orden cósmico”, algo que suena bastante estrafalario, pero en este contexto trata más bien al fenómeno mismo de la realidad.

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Vipassana y sus orígenes

El budismo tiene sus raíces en la edad del hierro del subcontinente indio, sin embargo, el Mindfulness es una adaptación, una práctica relativamente nueva basada en este, más específicamente una forma moderna de Vipassana. El Vipassana en la tradición budista es entendido como la percepción de la verdadera naturaleza de la realidad, una que (según esta costumbre) tiene tres características, conocidas como el Tri-Laksana (o las tres características de la existencia). Estas propiedades son la impermanencia, el No-yo y la insatisfacción; tema en el cual ahondaremos más adelante.

La meditación Vipassana por su parte, se basa en la atención plena a la respiración, y a los pensamientos y sensaciones que nos ocurren, todo esto con el fin anteriormente expuesto, de obtener una visión sobre la verdadera naturaleza de la realidad. Esta técnica ganó popularidad en el mundo occidental en el siglo XIX, gracias a traducciones al inglés de los sutras budistas (discursos dados por buda o sus discípulos cercanos), llevadas a cabo por la Sociedad de Textos Pali.

El movimiento que conocemos en la actualidad tuvo sus inicios con Jon Kabat-Zinn, quien en 1979 fundó en la Universidad de Massachusetts el “Programa de reducción de stress basado en Mindfulness” (MBSR), con miras a aplicar las ideas de la atención plena a la medicina.

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La meditación

La práctica de la meditación ha sido llevada a cabo por todas las culturas de alguna u otra forma, desde la tradición judío-cristiana con el rezo y la contemplación, hasta la tradición hindú con la meditación del yoga, también basada en el fenómeno de la concentración. Sin embargo, en el caso del budismo, se considera la concentración como un medio para llegar a un estado antes no mencionado, el de la atención plena, el de la conciencia.

Para esto, se utilizan distintas técnicas dependiendo de la corriente específica. En el budismo Zen se ocupan básicamente dos aproximaciones, una que se vale de la fuerza de voluntad, de estar sentado largas horas en posiciones incómodas, intentando sacar todo el contenido de la mente a través del asiento prolongado, y la conciencia plena de tal acción; la otra técnica intenta engañar al cerebro a través de especies de puzles que parecieran no tener respuesta (los llamados Koans), y nuevamente horas y horas de práctica.

Otra visión tiene el budismo tántrico, que se decide por el camino inverso. Considera como concepto de ego la serie de imágenes mentales y reacciones que ocurren frente al proceso de la atención plena, de esta forma intenta eliminar la imagen del ego, para dejar así la conciencia pura. Pretende lograr esto a través de la visualización, donde la persona se convierte en la entidad que observa, perdiendo así su ego.

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Finalmente nos encontramos con la aproximación del ya nombrado Vipassana, el término Pali “Bhavana Vipassana” hace referencia al cultivar la mente, pero cultivarla con un objetivo específico, el de percibir de una forma en particular, una que permita ver las cosas tal como son, fuera de toda perturbación del juicio, es este modo de percepción el que llamamos Mindfulness.

Nos adentraremos dentro de esta metodología en los próximos capítulos de la serie. En el contexto de vorágine existencial del siglo XXI, que reconocí al comienzo de este artículo, entiendo que muchos no tienen el tiempo para poder dedicarle al tema, de leer libros de mayor envergadura u ocuparse de investigar que evidencia tenemos sobre los beneficios que nos puede entregar la meditación. Es entonces mi intención ir abarcando distintos aspectos del Mindfulness, y hacerlo en pequeñas dosis, cápsulas digeribles para nuestra ajetreada vida, cosa que podamos ir sumergiéndonos poco a poco, ya sea en tu trayecto en el transporte público, en tu break de estudio, incluso en tu lectura de baño. Espero lograr transmitir el potencial de hacer este esfuerzo, por lo que no puedo más que despedirme con un gran abrazo virtual y ¡nos vemos pronto!

Ir al siguiente módulo de la serie ->

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9 comentarios en “[Serie Mindfulness (1)] Introducción: El qué y su historia.

  1. Hace muy poco comencé a meditar porque sentía que pasaba la mayor parte del día en mi pensamientos con prejuicios que en el presente y la verdad es que me ha ayudado muchísimo! Tenia ganas de informarme más al respecto y con esto me has ayudado bastante. Gracias y éxito en tu blog!

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  2. Buen resumen. Tengo algunos comentarios. Entiendo q el término mindfulness fue acuñado por primera vez por monje zen vietnamita Thich Nath Hahn en los 70. La postura corporal zen no pretende ser incomoda. Todo lo contrario. Pretende ser atenta, digna y relajada. Otra cosa es q para muchos occidentales les resulte incomodo sentarse cerca del suelo. Por último el zen no pretende sacar todos los contenidos de la mente. Más bien pretende observarlos mientras pasan, como quien ve pasar nubes en el cielo…

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    1. Hola! Gracias por tus comentarios. Tengo entendido que el término es una traducción de una palabra en Pali, por lo que su antigüedad es incalculable, pero de todas maneras revisé lo que mencionas. No encontré alusión a que Thích Nhất Hạnh haya sido quien acuñó por primera vez el término, aunque tampoco es demasiado relevante quien lo haya hecho específicamente.
      Respecto a meditación Zen, no soy ningun experto. La posición puede pretender ser atenta y relajada en el discurso, pero el Zazen prolongado resulta incómodo más allá del cariño que le tengamos a estar cerca del suelo, sobretodo a quienes no se dedican a ello como forma de vida. Por otra parte, tienes razón, como bien describes en tu metáfora. Sin embargo, este proceso de observación vendría siendo sólo una parte, donde eventualmente el cielo se despeja y se obtiene la atención plena.

      Saludos!

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