Robótica y humanidad [Parte 1]: Mi cirujano es un robot.

Hace un par de días se publicó en la revista Science Translational Medicine un artículo titulado “Supervised autonomous robotic soft tissue surgery”. En términos simples, se trata de un estudio en el que comparan el realizar una cirugía con un sistema robótico autónomo, versus el llevarla a cabo con cirujanos expertos, de al menos 7 años de experiencia. Los resultados son realmente aterrorizantes alentadores.

Actualmente en muchos países se utiliza cirugía robótica, -como se le conoce coloquialmente- sin embargo, tales aparatos (como el conocido DaVinci) son en realidad una extensión del cirujano, en la práctica, un complejo esclavo robótico. Esto quiere decir que es siempre una persona experimentada la que está detrás del mismo, ordenando cada movimiento.

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De ahí que los hallazgos de esta investigación, con un robot como cerebro detrás de cada decisión, sean un increíble adelanto de lo que se nos viene en el futuro. Es, en cierta medida, un punto de inflexión en tecnología robótica, una muestra de los dedicados terrenos en los que los veremos algún día.

Se ha ensayado previamente con robots en cirugías en tejido rígido, como puede ser el cortar un hueso en una cirugía traumatológica; pero el introducir un sistema autónomo de decisiones en una cirugía de tejido blando es algo realmente innovador. Los movimientos propagados por este tipo de tejido no siguen un patrón predecible, son de extrema complejidad, matemáticamente hablando. En ese contexto, una nueva aproximación, que incluye la reconstrucción plenóptica de una imagen tridimensional, junto con un sistema de rastreo con marcadores fluorescentes, le entregó al robot capacidad de detectar estos cambios arbitrarios y rediseñar los siguientes pasos acorde al plan quirúrgico original. En este caso trataba de unir dos porciones de intestino delgado en un cerdo vivo (conocido en medicina como anastomosis término-terminal). Absolutamente fascinante.

No quiero aburrir con detalles técnicos, para eso pueden leer el paper original. Pero, en resumidas cuentas, lo que se demostró es que STAR (Smart Tissue Autonomous Robot) llevó satisfactoriamente a cabo la anastomosis en un tiempo comparable al del procedimiento laparoscópico hecho por un humano, con la misma calidad de sellado que una cirugía abierta, sin diferencias observables en inflamación ni cicatrización de la herida.

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STAR

Toda esta tecnología está aún en pañales, pero nos inspira a pensar que, más temprano que tarde, veremos a robots llevando a cabo procedimientos quirúrgicos, con un perfil de seguridad mayor y mejores resultados que cirujanos humanos convencionales. La curva de aprendizaje para que una persona se convierta en un experto en su área de operaciones es lenta, requiriendo muchísimo ensayo y error, con sus respectivas consecuencias. Por tanto, por compleja y costosa que sea la tarea de mejorar esta tecnología y enseñarle a al robot a llevar la cirugía por completo, la inversión de tiempo y recursos sobrepasa con creces la suma de recursos invertidos en la totalidad de cirujanos, tanto económicos como en peores resultados durante su entrenamiento, tanto en remuneraciones como en errores humanos durante sus años de trabajo.

¿Significa esto que presenciaremos el fin de la carrera de cirugía? Probablemente no. Aún quedan muchísimos años para perfeccionar una tecnología como esta, tanto en hardware como en software. Inicialmente podríamos verlos en procedimientos simples, supervisados por humanos que intervengan frente a situaciones imprevistas. Hay que entender que será necesario entrenar sistemas para llevar a cabo miles de tipos de cirugías diferentes, en las múltiples áreas de especialidad, con las distintas aproximaciones y teniendo el conocimiento integrado de las peculiares variables anatómicas que podrán encontrarse, con suficiencia para adaptarse a estas situaciones. Los costos de un diseño de esta complejidad significan también que pasarán muchísimos años antes de que sea una tecnología accesible, más allá de grandes centros médicos de avanzada.

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La robótica avanzada ha sido fuente inagotable de inspiración para las fantasías más pesadillescas en la literatura y el cine. Así, con el advenimiento de esta tecnología, surgen inquietudes íntimamente relacionadas a nuestra propia humanidad. Queda ver cómo reacciona una persona ante el ofrecimiento de ser operada por un robot. Aunque se encontrara demostrada una superioridad numérica en cuanto a resultados, nuestro cerebro tiende a ignorar la racionalidad cuando se invocan nuestros miedos más profundos. La aceptación de quedar en las manos de un algoritmo es algo que se aleja mucho a todo lo que hemos tenido que enfrentar como sociedad hasta ahora, al menos de manera tan directa con nuestro cuerpo. Pareciera que no estamos preparados aún, quizás muchas de estas preguntas solo se resolverán con el tiempo, o quizás la única forma de hacerlo será adaptarnos cuando ya estas tecnologías se hayan implementado.

Toda cirugía conlleva riesgos. Aunque un robot pueda disminuirlos, seguirán ocurriendo complicaciones y eventualmente alcanzaremos un estado estable en el cual la cantidad de recursos necesarios para seguir mejorando tales cifras será insostenible. Nace entonces la pregunta ¿Qué sucederá cuando tales riesgos se concreten en un daño? Es difícil imaginarse lidiando, como paciente o familiar, frente a una complicación derivada de una intervención en que ningún humano estuvo directamente involucrado. En el caso de se debiera a un error de la máquina ¿quién asumiría la responsabilidad? ¿Sería acaso el cirujano que estaba supervisando, a pesar del carácter imprevisible de tal error? ¿Sería acaso la empresa que diseñó el equipo, o la que diseñó el software, o la que mantenía el equipo? La responsabilidad pareciese diluirse hasta que ya no tenemos una cara visible al respecto, ¿estaremos preparados para enfrentarnos a esto?

Hasta aquí llegaremos hoy. Qué nos deparará la robótica y como interactuará nuestra humanidad con ella es un tema muy interesante. Aún existen arduas discusiones sobre si realmente llegaremos hasta ese punto, sobre (en caso de hacerlo) cuando sucedería, sobre si debiésemos temerle o esperar el momento con los brazos abiertos. Por mi parte dejo las interrogantes abiertas, y nos vemos en una segunda parte.

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