Dando vueltas por ahí, encontré un ensayo que hice hace unos años. Uno que casi me vale la reprobación de un curso teológico (obligatorio en una universidad católica). A pesar del tiempo, las palabras que escribí me siguen haciendo sentido, y vale quizás la pena conservarlo en la red.

Definición de términos

Dios: Concepto monoteísta occidental.
Planteamiento científico: consideración de que aseveraciones deben ser objetivas y falseables para poder ser razonablemente aceptadas.
Religión: Constructo humano, una comunidad de individuos vinculados por un culto hacia un concepto de Dios en particular.
Prueba: tanto explicación de un procedimiento indirecto de conclusión, como resultado comprobable del método científico.
Revelación: Acto de Dios de darse a conocer a sí mismo.
Creer: Acto de confianza, opuesto a la duda.

Argumento

El planteamiento científico, utiliza el método científico para intentar así explicar todo tipo de hechos, sin pretender en ningún momento ser absoluto ni final, sino que ser la mejor adaptación intelectual vigente a nuestra realidad. En ese sentido, es considerada más verdadera que cualquier modelo no científico del mismo, y puede ser corregida,  descubriendo a través de él, sus propias deficiencias.

Por su parte, la existencia de la religión corresponde -teológicamente- a una respuesta a la revelación de Dios contestando a la experiencia vivida, por ende la pertenencia a una religión implica que esa persona supone la existencia de Dios.

La religión incluye ciertos aspectos de expresión humana que tienen un valor cultural a no desmerecer, como lo son sus componentes dramatúrgicos, arquitectónicos y artísticos. Sin embargo, resulta absurdo que, dentro del ámbito religioso, una cuestión tan fundamental como es la existencia de ese Dios se considere excepcionalmente como algo independiente de justificaciones racionales. Y les resulta bastante conveniente, porque de inmediato plantea este hecho como algo inaccesible para la ciencia, que debe ser consentido como una opción respetable. Es justamente por ese beneficio que la religión decide no avocarse al tema, porque es  lógicamente una proposición insostenible.

De esta forma, una persona que afirma comprender a cabalidad el planteamiento científico, no debiera de ninguna forma aceptar una deidad, sin antes cuestionarse el problema de su existencia, y someterlo a un análisis mínimo. Es una decisión absolutamente arbitraria el permitirse omitir el planteamiento científico frente a esta cuestión, lo cual contradice en sí mismo el intento de la ciencia de someter todo hecho a un proceso riguroso, antes de poder hacer un juicio de realidad sobre él, aunque sea de manera transitoria. Es también impresentable, para todo aquél que se haga llamar científico, darle validez a su existencia por el hecho de no poder ser refutada con certeza absoluta. Que no se pueda probar la inexistencia de Dios es, en realidad, obvio e insignificante. En realidad, no es asunto de los escépticos refutar la existencia de algo, sino la de los creyentes de probarla, este concepto es conocido como onus probandi (o carga de la prueba, en español).

El argumento de la experiencia personal solo podría ser considerado una prueba si como testimonio fuera de una clase tal que su falsedad fuera más extraña que lo que está intentando comprobar. Claramente esto este no es el caso, y es más difícil aún de concebir si estamos mínimamente familiarizados con el cerebro, su funcionamiento, y todos los sesgos que posee y  heurísticas en las que incurre.

El individuo que afirma ser tanto científico como pertenecer a una religión Abrahámica se considera en realidad ateo respecto a Zeus, Ra, Mitras, Thor, el Monstruo de Espagueti Volador y muchos más, por el simple motivo de intentar aplicar el método científico en cada uno de esos casos, lo que lo lleva a concluir que su existencia es tan improbable que no cabe duda alguna de que no debe guiar su vida en correspondencia con el resto de prácticas que conllevaría su creencia. Por lo tanto, aunque el individuo decidiera impulsivamente ser transigente respecto a la existencia de Dios, ¿por qué habría de decantar por una religión en desmedro del resto de ellas? Estudios como los de Michael Shermer y Frank Sulloway muestran una  correlación negativa entre educación y religiosidad, así como también con el interés por la ciencia. En efecto, en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, donde pertenecen sólamente científicos considerados eminentes por sus colegas, a penas un 7% cree en un Dios personal, con el opuesto exacto al perfil de la población estadounidense, donde un 90% son creyentes. Entonces la explicacion más obvia parece ser que simplemente es un tema cirucnstancial, dependiente del lugar de nacimiento, de la cultura en que se está inmerso, y de quienes fueron sus criadores. Los mismos estudios muestran una correlación entre la religiosidad del individuo y la de sus padres. Sociólogos al respecto han encontrado que en Inglaterra solo 1 de cada 12 niños rompen con la creencia religiosa de sus estos. (1)

Otro motivo para practicar una religión, podría ser que un científico, intentando seguir un razonamiento lógico, hubiera sido convencido por la famosa “Apuesta de Pascal”. Esta plantea que, aunque no se conoce de modo seguro si Dios existe, lo racional es apostar a que lo hace, ya que a pesar de que la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, es decir, la gloria eterna. Sin embargo esto solo correspondería a una interpretación sesgada, quizás por una falta de análisis al mismo. Para comenzar, creer no es tan fácil como tomar la decisión de hacerlo de la noche a la mañana, él podría asistir a la iglesia y recitar el credo, pero si el Dios en el que dice creer existe, entonces dada su omnisciencia, descubrirá sus mentiras. Por otra parte, a pesar de que lograra convencerse de ello y creer realmente, si al morir nos enfrentamos a que Baal era el Dios real y que es tan celoso como se decía de su antiguo rival Yahvé, quizás hubiera sido mejor apostar por ningún Dios en lugar del equivocado. Finalmente, en realidad la apuesta en sí está mal planteada, ya que su argumento se basa en la ignorancia del ser humano sobre el tema, pero asume que si sabemos los premios o castigos que eventualmente podríamos recibir por ella.

Consecuencias

Dios no puede ser considerado como la explicación de algo bajo ningún precepto racional, muchas veces se argumenta que es acerca de las cosas que siempre han existido o que están fuera de la naturaleza, lo que por supuesto, no explica nada. La religión entonces requiere sentirse satisfecho con ese desconocimiento, aceptando la omisión de uso de lógica en la cuestión de Dios, lo que es inaceptable para alguien que afirme empaparse del planteamiento científico como método de conocimiento de la realidad.

(1)  Shermer, Michael (1999). How We Believe: Science, Skepticism, and the Search for God. New York: William H Freeman. pp. 76–79. ISBN 0-7167-3561-X.

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Un comentario en “La pertenencia a una religión es incompatible con el planteamiento científico.

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