Los 5 mitos más repetidos por el movimiento anti-vacunas

Hace poco tiempo atrás fui expulsado de un grupo de Facebook llamado “Movimiento anti-vacunas. Chile sin vacunas“, o algo así, ya no recuerdo exactamente, me banearon por ser un supuesto agente de la CIA. Todo esto, luego de pedirle fuentes a un par de personajes, de intentar explicarle a una madre por qué está poniendo en riesgo a su hijo al no vacunarlo, y de buscar generar un diálogo con algún sustento, que no fuera del típico “eltercerojo.com.ar/lamayorconspiraciondelahistoria/lasvacunasymonsanto“. Así fue como hoy me inspiré, salí a dar una vuelta por las principales páginas de estos movimientos, y aquí tienen un resumen con sus 5 mitos favoritos (y  sus respectivas respuestas, por supuesto).

  1. ¡Las vacunas contienen mercurio, un tóxico letal para la salud!

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Con esto se están rifieriendo al Timerosal, un preservante usado para evitar el crecimiento de microorganismos como hongos y bacterias que puedan contaminar la vacuna. Este compuesto es rápidamente metabolizado en el cuerpo a Etilmercurio y Tiosalicilato. Ambos rápidamente eliminados de nuestro organismo, a diferencia del metilmercurio existente en productos como el atún, que si se acumula llevando a toxicidad al alcanzar econcentraciones altas. La dosis más pequeña de mercurio que se ha descrito como causal de intoxicación es de al menos 3mg por cada Kg de peso (Matheson et al. 1980). Por su parte, la vacuna que más Timerosal contiene (del programa nacional de inmunización chileno) es la llamada pentavalente, que trae 25μg (microgramos) de esta sustancia por dosis de vacuna. Haciendo matemáticas simples, necesitarías inyectarte unas 120 vacunas por cada kilogramo de tu peso para tener una intoxicación aguda (no, no lo intenten en casa).

  1. ¡Las vacunas dejarán a tu hijo autista!

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Este mito se remonta a un estudio publicado en la revista The Lancet el año 1998. Luego supimos que el autor principal, Andrew Wakefield, tenía enormes conflictos de interés, entre ellos el haber recibido 55,000 libras por un grupo de procuradores de la Legal Aid Board que necesitaban evidencias para ganar un juicio en contra de los fabricantes de dichas vacunas; además de haber solicitado patentes para comercializar una nueva vacuna que, ¡vaya sorpresa!, supuestamente no causaría la enfermedad. Investigaciones mostraron que Wakefield manipuló los datos para obtener sus resultados ficticios. En mayo del 2010, el General Medical Council, entidad Inglesa encargada de licenciar sus médicos, lo encontró culpable de fraude y falta sever a la ética, quitándole su licencia para ejercer. El mismo año The Lancet realizó una declaración pública retractándose de la publicación del polémico estudio.
Todos las investigaciones realizadas hasta la fecha, junto con las revisiones sistemáticas de la evidencia, han desmentido tajantemente relación alguna entre las vacunas y el autismo. Si desconfías de mi palabra (vamos, no puedo criticarte por mantener una actitud  escéptica) te dejo algunos reportes sobre el tema (1,2,3)

  1. La naturaleza es sabia, hay que dejar que haga su trabajo.

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Si, la naturaleza es sabia, años y años de evolución no han sido en vano (¡la inteligencia que llevó a la creación de las vacunas es también una expresión más de su sabiduría!). En términos simples, estás dejando que la naturaleza haga su trabajo al vacunarte o vacunar a tu hijo. Las vacunas provocan una respuesta similar a la que tu organismo tiene cuando se encuentra con los patógenos que causan la infección, pero esta vez frente a pequeñas partes del virus o la bacteria original. Básicamente adquieres protección sin exponerte, o exponer a tu hijo, al riesgo de contraer la enfermedad. Si tu intención es esperar encontrarte con los patógenos a la antigua usanza, terminarás con cáncer por el virus de la hepatitis, paralítico por la polio, o muerto por el sarampión.

  1. ¡Las vacunas no funcionan, es solo una mentira del gobierno y las farmacéuticas!

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Las vacunas funcionan, y así lo han demostrado los cientos de programas de vacunación alrededor del mundo. Prueba a salir a la calle y buscar las principales infecciones que han azotado los últimos siglos, alégrate de saber que incluso hemos logrado erradicar algunas, como la viruela. Sin embargo, para hacer esta afirmación no nos basamos en conjeturas, sino en datos duros. Existe multitud de estudios al respecto, pero para no atosigarte, te dejo a mi parecer el más bello de todos: “Contagious Diseases in the United States from 1888 to the Present”, ¿menudo trabajo el de los autores, no?
Ten en cuenta además que el vacunarte no sólo tiene efecto en ti, sino que mantiene al resto de la población alejado de la enfermedad al quitarle su reservorio natural, el hombre. Además, muchas personas con enfermedades que comprometen su inmunidad, o por tratamientos médicos con inunosupresores o quimioterapia (como en el caso del cáncer), se resguardan en una sociedad vacunada que disminuya la probabilidad de que sean contagiados.

  1. ¡Las vacunas tienen terribles efectos adversos!

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Para empezar, para que una vacuna salga al mercado debe pasar por rigurosos procesos de control y seguridad. Primero se estudia en el laboratorio, luego en animales, y finalmente en humanos. Existe por lo demás un sistema conciso de monitorización de efectos adversos. Hay que saber que como en cualquier otra terapia, estos pueden existir; sin embargo el 90% de ellos son meramente molestias pasajeras (si tienes tiempo y quieres informarte a profundidad, lee el siguiente reporte). El monstruo más temido al respecto es el denominado “Síndrome de muerte súbita del lactante”, pero no hay de qué preocuparse, la asociación entre vacunas y este ha sido desestimada en innumerables ocasiones (puedes ver una revisión de la literatura aquí) e incluso las inmunizaciones parecen ser un factor protector para que no ocurra, puedes leer más en el siguiente link.

Espero que haya servido como un breve repaso sobre los mitos más comunes que pululan en la red; y no puedo más que pedir que lo compartan y así vacunarse contra la ignorancia antivacunas, con la ilusa esperanza de que algún día le llegue a alguna de esas pobres mamás (y por sobretodo pobres bebés) que buscaban guía en ese nefasto grupo de Facebook.

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