[Opinión] Sobre los voluntariados

Táchenme de hater, de egoísta o de flojo. Pero la verdad ninguna de aquellas es las que guía mi juicio, ni la que dicta mi odio hacia los voluntariados; o hacia la mayoría de ellos, porque si, esto es una generalización, y lamento meterlos a todos en el mismo saco, pero es una generalización válida, y eso me repugna.

Júbilo de hashtags, de selfies y autocomplacencia. La verdad es que los voluntariados nunca debieron existir en primer lugar. Porque son soluciones a medias, o a cuartos, o a décimos. Porque no atacan la causa, porque son más para el que los hace que para el que los tendría que recibir. Básicamente, porque la energía se debería estar gastando en cambiar la estructura generadora de esos conflictos, no en andar poniendo un par de clavitos por aquí-por allá para pasar el resto del año echados en un sillón, deleitándonos del buen samaritano que somos, de cuanto pica nuestra nueva foto de perfil.


La pregunta es simple: ¿Cuantos de aquellos sacrificados realmente cambiaron de paradigma? Y la respuesta es triste. Es un discurso de un par de días, una preocupación pasajera, asesinada por la satisfacción del buen acto del año.

Porque ni siquiera mi utilitarismo me permite bancarlo con su mínimo impacto, porque si ese mínimo conlleva el saciar toda su inquietud de “responsabilidad social”, a costa de dejar de incidir en los factores desencadenantes, me parece una mala jugada. Y es que no hay un antagonismo intrínseco en atacar las cosas a corto y largo plazo, pero si, lamentablemente, existe cierta forma de exclusión de facto, y eso es lo que me choca.

Me gustaría que no fuese así, me encantaría ver a los mismos personajes debatiendo, informándose, queriendo incidir más allá; pero cuando veo reiteradamente en una conducta generalizada el hacerlo sólo por cumplir la cuota anual y sentirse con la conciencia tranquila, o peor aún, por meras apariencias, no puedo concluir que es una burda casualidad, sino que los voluntariados en sí mismos, quizás por como los comprendemos y aplicamos en la actualidad, parecen terminar siendo simplemente la vía de escape para estos individuos, para que dejen de cuestionarse, y se queden en su discurso políticamente correcto.

Y es que incluso me parece más noble el que peca de curioso, el que va solo de visita -como real zoológico- a esa realidad tan ajena a la suya, porque al menos lo que lo mueve es un interés genuino, porque conocer es mejor que nada.

Nos estamos permitiendo convivir con estas crudas realidades al hacerlo. El bote se hunde, y funciones que deberíamos proveer como sociedad (como estado para algunos), las estamos parchando con cinta adhesiva, como buenos chilenos, maquillando el problema, hasta que el agua nos llega al cogote.

Insisto, táchenme de lo que quieran. Pero cuando pongo las cosas en la balanza, cuando veo que unas manos enguantadas un par de días creen hacer suficiente para dejar de lado un par de ideas bien pensadas, me deprime y no me queda más remedio que simplemente odiarlos.

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